jueves, 19 de octubre de 2023

Abrazo "Miguelgrauino" en Lima

Abrazo “Miguelgrauino” en Lima
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Había más de un abrazo pendiente entre los Miguelgrauinos que residen en Lima. Las escasas ocasiones en las que los amigos se pueden juntar para recordar y celebrar fechas especiales, afrontaron vallas difíciles de franquear. 
Una costumbre arraigada en el corazón rojo y la agenda de los abanquinos-Miguelgraunios, que todos los años se abrazan a los sones del emocionante y vibrante “Gloria a Grau”, no pudo seguir la rutina anual, a causa de la pandemia que cerró no solo muchas vidas, sino esperanzas y encuentros esperados y postergados.
Percy, Efraín, Iván, Paco  Raúl, Marco y José Luis, Promoción 75.

Después de tres años de espera, finalmente, el pasado domingo 15, una semana después de la fecha jubilar del glorioso colegio Miguel Grau de Abancay, que celebró 134 años de existencia institucional, los exalumnos del Miguel Grau, pudimos mirarnos cara a cara, brindar con emoción y festejar el abrazo esperado, al compás de música del recuerdo, que nos trasladó a las calles de Abancay y a los vericuetos del Chinchichaca. 
Los recordados “Cherris” con Pepín y Rolando, arrancaron aplausos de nostalgia y recuerdos. Margoth Gutiérrez hizo loas a Grau y Apurímac. La voz juvenil y contagiante de Gabriela Pass, sobrina de Paco Sotelo, nos llevó a las pistas de baile. Los más de un centenar de pikis convocados charlaban en sus respectivas mesas, oteando el ayer de las aulas del Grau y festejando la vida, con amigos de décadas y más. Un salud, con pisco, vino o cerveza, se repetía apagando las ansias de los sedientos. No hubo chicha de jora, por lo que El Carrizal y el Arpachayoc, se hicieron extrañar doblemente.
Javier Ramírez Infantas, gestor de la convocatoria, resumió en breves minutos, el calor del reencuentro, recordando su paso por las aulas en el viejo local de la avenida Arequipa y, en su momento, de las recién estrenadas del local de Chinchichaca, destacando emocionado la “marcha de las carpetas”, en 1962, que debió ser memorable.
Nos invitó a cantar “Gloria a Grau, quien triunfante pasea, por los mares el patrio pendón bicolor… Que cual llama sagrada flamea, entre el humo y el tronar del cañón…”
Hugo Viladegut, la voz del Perú, ensayó una apretada semblanza sobre el valor histórico del colegio, su importancia regional y el por qué sus exalumnos sentimos orgullo aquí o allá. La valía de los maestros que dejaron huella, fue destacada con agradecimiento.
La tarea de rescatar y continuar con el reencuentro miguelgrauino en Lima, se encargó a la Promoción 75, con la responsabilidad personalizada en el dinámico, Percy Salcedo.
La Promoción 75, que está ad portas de celebrar sus Bodas de Oro, asume este encargo con una responsabilidad que debe hermanar la actividad limeña del 2024, con el recibimiento del Estandarte -de manos de la Promoción 74- que simboliza la tarea de organizar las celebraciones del 2025, en Abancay. 
Precisamente en esa lógica, se dieron los primeros pasos para la implementación de ambas tareas. La noche del reencuentro en el Club Cusco, nos permitió a Percy, Iván Miranda, Francisco Sotelo, Raúl Castillo, Marco Samanéz, José Luis Miranda y Efraín Gómez, fortalecer la agenda y proyectar reuniones de trabajo permanentes, en Lima y Abancay, buscando diseñar un derrotero con actividades culturales, académicas, deportivas y de confraternidad.
Lima y Abancay, serán centro de operaciones de los sesentones de la Promoción 75 A, B y C, que trabajan por hacer una jornada para el recuerdo. “Salgan muchachas a sus balcones, que los Grauinos han de pasar…”

(Fotografías del Fanpage de Hugo Viladegut)

viernes, 13 de octubre de 2023

Estela, lambramina universal

ESTELA, LAMBRAMINA UNIVERSAL
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Ha estado en el ojo de la tormenta y en la atención mundial. En Israel ha vivido un real peregrinaje, su propio peregrinaje. Como muchas personas que, fuera de su casa, de su país; enfrentan la soledad y el temor de ser víctima inocente, un dato estadístico más, del horror de la guerra, de la violencia del terrorismo internacional. 
Dos días declarada desaparecida. Incertidumbre en la familia, que pensaba lo peor. Las noticias mundiales anunciaban muertes y muertes. Los titulares de medios peruanos daban cuenta de la muerte de dos connacionales. 
En Tel Aviv, con los amigos de la dramática experiencia. 

En ese ambiente, de llamadas telefónicas infructuosas, de indagaciones sin resultados, de consultas sin respuestas, una mujer lambramina, abanquina, peruana, miró la sonrisa de la muerte muy de cerca, casi quemándole con el aliento.
Rufina Estela Pereyra Peralta, vive para contar una experiencia cinematográfica. Ha estado en medio de las llamaradas provocadas por bombazos y cohetes; metrallas y misiles que van y vienen, sin saber por qué le tocó vivir esta “aventura” dramática.
De viaje en Tel Aviv, como parte de un programa turístico que la animó salir de Oslo, en Noruega, en compañía de cuatro amigos y colegas de trabajo, se topó con las calles sedientas de sangre, como epicentro de proyectiles de ataque y defensa. Una turista metida en la guerra de la que por convicción es contraria, hacía su propio peregrinaje.
La última comunicación, antes que le den por desaparecida fue con su hermano, Dino, desde Abancay. En medio de la charla telefónica, se escucharon los traqueteos de metrallas cercanas y luego una explosión que sacudió el piso doce del hotel en el que se alojaba. Dino sintió un frío en los huesos cuando tras la explosión se cortó la llamada. Dos, tres, cuatro intentos de timbrazos sin resultados. El drama familiar, de no saber nada de nada, se extendió hasta Bolivia, Lima, Arequipa, Abancay y Lambrama, donde viven los hermanos. Cada uno en su propia preocupación, se mantenían pegados a los noticieros de televisión.
Con sus padres e hijos, en Oslo, hace varios años.

Estela cuenta, con palabras que aun aprietan el temor por lo vivido, que permaneció junto a otros turistas en los sótanos del hotel, y de allí se movilizó por varios otros lugares y tramos en busca de una salida hacia la tranquilidad, hacia la paz. 
Con los allegados de la congregación cristiana a la que pertenece, lograron contactar un vuelo charter que los evacuaría de Tel Aviv, hacia Oslo. Guiados por los locales se dieron con la ingrata sorpresa que el avión no podía ingresar al aeropuerto de Tel Aviv, blanco de las miras terroristas y vigilada en sus cuatro extremos. El camino era entonces, buscar al avión donde este haya podido aterrizar. En un desierto alejado en la frontera Sirio-Libanesa. 
Para llegar a la nave de salvación, tuvieron que viajar durante siete horas en la noche, sorteando temores propios de la situación; viendo cómo el cielo se teñía de colores y destellos producto de las armas de fuego que iban y venían.
Abrazados y hermanados en oraciones y cánticos, sobrevolaron el territorio ajeno, acompañados por los fogonazos y llamaradas que iluminaban la noche también ajena. Oslo y sus brazos abiertos los esperaba con el calor familiar. Aturdida aún por la pesadilla experimentada, Rufina Estela pudo abrazar como nunca, o como siempre, aunque esta vez con una especial dosis de emoción, a sus hijos Sumac Sonqo y Josué; y sentir el esperado calor de su esposo hindú, Antonny Santhyapillhay.

Mujer sencilla, luchadora 

Estela es lambramina de 67 años. Una mujer, valiente, luchadora, severa y directa en sus decisiones. Sencilla a extremos, cuando se trata de compartir la bondad, el amor y el cariño hacia su entorno familiar y amical.
Vive en Noruega desde hace cuatro décadas, donde hizo familia, hogar y trabajo.  Es Bioingeniera, y como tal docente en la universidad de Oslo y funcionaria en el hospital de la misma ciudad. Habla además del quechua y español, sus lenguas maternas; inglés, noruego e hindú. Es una lambramina universal.
Estudió medicina en Argentina, Laboratorio Clínico en Bolivia, cuyos conocimientos le sirvieron de base para alcanzar una posición importante en la Bioingeniería, en Noruega.
Querendona a mas no poder, se lleva de paseo a sus padres -ya ausentes- y a sus hermanos a recorrer el viejo continente. Y ella misma se da un salto al Perú, cada cierto tiempo para respirar aires serranos y saborear cancha con cachicurpa en Lambrama, donde canta y baila huainos y las tararea en el quechua de su niñez feliz, con Jesús y Washington, sus inolvidables padres.
Como anécdota, se puede decir que esta lambramina universal es también una mujer aferrada a la vida, a pesar de todos los percances que tuvo que sortear; como la dictadura argentina, el terrorismo de Sendero Luminoso en Perú, la crisis del Covid que la entubó casi hasta el milagro; o el bloqueo de carreteras que la sorprendió en su último viaje a Perú en enero de este año.
Estela, mujer de estatura baja, pero de corazón y templanza grandes, se muestra como una gran mujer, grande en todo su esplendor. Viva la vida, querida prima.

martes, 19 de septiembre de 2023

Julián, el "Opa" de Lambrama

Julián, el “Opa” de Lambrama
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Un pueblo pequeño esconde grandes historias ligadas, en muchos casos, a personajes pequeños, inadvertidos. Son hechos que, a pesar del paso de los años, trascienden generaciones. 
En Lambrama, década de los sesenta y setenta, del Siglo pasado, cuando era un niño, conocí a tres personas que formaban parte de una legión de llactamasis que destacaban más allá de la “normalidad” de un poblador común.
Julián, Zacarías y María, eran personas con diferentes grados de discapacidad intelectual. Los recuerdo adultos, grandes y distintos entre sí, y entre los de la comunidad. Eran los “opas” del pueblo. Zacarías era lento. Se paraba en la puerta de las bodegas o panadería, hasta que le alcancen algo a mano. María, era laboriosa, lavaba ropas en cantidades industriales en el río. A quienes la fastidiaba, los perseguía a pedradas. Tuvo dos hijos, quienes son profesionales y personas de bien. 
En ese entonces, el trato hacia las personas “diferentes”, más en un pueblo de mayoría analfabeta, era de discriminación absoluta, producto de la ignorancia y desconocimiento. Eran consideradas “castigos” a la familia por causa de algún pecado mayor. No había -y creo que en la actualidad, tampoco - un ente especializado en atender esta necesidad real.
Las propias familias se hacían cargo de esa “carga”. En algunos casos, otra familia las acogía, para bien o para mal.
Callecita en Tomacucho, donde vivió el personaje de la nota: Julián. 

Julián era vecino en Tomacucho. Nieto de la tía Ceferina, una mujer que dominaba la medicina tradicional y los rezos para tratar males diversos. Era la comadrona que asistía a las parturientas. Los hermanos Gómez y muchos lambraminos vimos la luz del sol con la ayuda de sus diestras manos.
El “Opa” Julián, un hombre robusto, de fuerza poderosa, era casi un ermitaño, que se aislaba de la casa para atender sus propias responsabilidades. Tenía su propia ganadería imaginaria con tropas de vicuñas y venados en las cumbres y laderas de Chipito, donde se adentraba por días enteros.  
La leña que Ceferina requería para calentar la tullpa y preparar las lawas de cada día; los forrajes de murmuskuy, pisonay o suncho, que los cuyes y cabras esperaban para alimentarse a diario, eran facilitados por las diestras, aunque lentas, manos de Julián. 
Casi siempre enfundado en un poncho occe y sombrero loccosto, raído. En su mundo aislado, personalizado, parsimonioso, era dueño de una habilidad insuperable para el aporque o cultivo de los maizales de las chacritas de la abuela. Los surcos de maíz chullpi o paraccay, en Espitira o Accomocco, eran trabajados con envidiable pausa y dedicación artesanal. Producto de ese esmero, sus cosechas de choclos y huiros eran ejemplares.
Lo vi en las tardes de Rosario o Misa en la iglesia colonial, enfundado en una camisa limpia, peinado y afeitado de sus ralas barbas. Parado en la enorme puerta de acceso al aposento religioso, parecía dar la bienvenida a los feligreses, con una amplia sonrisa que descubría una hilera de dientes compactos. 
En muchas oportunidades era partícipe de nuestros juegos infantiles. Hacíamos bromas de todo calibre, imitándolo, burlándonos de su condición, de los que él mismo se reía a mandíbula batiente. Le bajábamos de un tirón su viejo pantalón y se descubría un miembro prominente. "Alamerda". Sus carcajadas eran estruendosas, que nos contagiaban risas incontenibles. Éramos niños inconsecuentes, también desinformados y discriminadores. Otras épocas, sin duda.
Visitaba la casa buscando una taza de café que le ofrecía mamá Dora. Sentado muy cerca a la puerta, tomaba el café en dos o tres sorbos sonoros. “Grasmamá” y retrocedía hasta la puerta, no sin antes mirar de reojo y con lujuria, a la empleada de hogar que se esmeraba en mantener caliente el enorme fogón. “Sumac warmicha, pukauyacha”, murmuraba.
En ocasiones, enamoraba a la pukauya, con gestos sexuales que le causaban gracia a la “chola”.  Con los dedos índice y pulgar de la mano izquierda hacía un aro al que introducía de manera repetida el índice derecho, desvistiendo con la mirada a la pashña. La pukauya se ponía más colorada aún. “Opay merdas”, y soltaba una carcajada.
Una noche avanzada, Julián respondió con inusual reacción a un “susto” que le había preparado el tío Andrés, cansado de la bulla estridente que el Opa hacía a medianoche o de madrugada soplando la fukuna, a la que le sacaba una sonido terrorífico que no dejaba dormir y paralizaba a la vecindad. 
Andrés enfundado en una sábana blanca como manta encapuchada, se cuadró ante el Opa, gritando ¡¡Ahhh!!, cuando Julián volteaba la esquina común de la casa, con la finalidad de asustarlo y sacarle los diablos. Lejos de inmutarse o correr asustado, el Opa se abalanzó sobre el tío, y lo corrió a pedradas. “Kukuchi caraju… Kukuchi caraju”.
En las yunzas de carnavales los muchachos del pueblo se esmeraban en buscar a Julián, para que ayude a cargar al árbol de Lambras o Chuyllur, desde Tanccama o Taribamba y preparar el hoyo en la esquina de la plaza para ser plantado un día antes de las celebraciones festivas. 
Julián vivía su propio carnaval y era feliz con el cuarto de cañazo que le daban a mano. Entonado y chispa, se iba tarareando huainos de su propia creación, zigzagueando hasta su casa en Tomacucho.
En las muy raras ocasiones en que el sanitario del pueblo o la justicia local requerían hacer una exhumación de cadáver en el cementero local, Julián era convocado y, a punta de picos y palas, cumplía con el encargo, recibiendo a cambio, un cuarto de cañazo, que era su “debilidad”.
Tras la muerte de Ceferina, que era su ángel guardián, cayó en abandono. Deambulaba fuera del pueblo por días y noches enteras. Los vecinos le facilitaban algo de comer y de vestir. Se pegó al alcohol y murió, ya viejo, en abandono y pobreza, sin que haya habido una mano cercana para socorrerlo. 
Recuerdo a Julián como un ser marginal, incomprendido, fuera de época; pero, al mismo tiempo, un ser humano servicial, atento y querendón con quienes compartía de cerca o eventualmente. Un ser extraordinario.

viernes, 25 de agosto de 2023

Supersticiones lambraminas

Supersticiones lambraminas
Escribe, Efraín Gómez Pereira

“Alamerda caraju, qencha paya” grita visiblemente contrariado mi padre, don Laureano, y repentinamente suspende el viaje de negocios que tenía programado. ¿Qué sucedió?. Montado en su mula Roma, un bayo criollo grande de buen porte con su inseparable ichur, que hacía sonar musicalmente los herrajes de sus cuatro patas, el caballero lambramino regresa a casa, después de apenas un minuto de haber salido.
En la esquina que da la calle Sucre, con la que conecta al puente de Chacapata, se cruzó doña Emilia, una mujer de la vecindad, que a las 4.30 de la madrugada no tenía que haber estado allí. Era hora de que debía estar durmiendo. Ni los pichinkos, tuyas y piscalas habían despertado para iniciar el concierto musical de madrugada. Pero los presagios son así y Laureano, se dejaba llevar por estos detalles.
Una mujer que se cruza en tu camino al inicio de un viaje trae, definitivamente, mala suerte y había que dejar el periplo para otro día. En cambio, si era un varón o un muchachón el del encuentro, entonces todo pintaba a que sería de buen augurio y Laureano, se daba maña inclusive para dar una propina al de la “buena suerte”.
¿Cuántas veces habrá sorteado estos causes mi padre?. Para asegurar el buen viaje, coordinaba con Alejandro, “Acchiruntu”, un ccorito de Chacapata, para que a cambio de una moneda que alcanzaba para una gaseosa Ñusta, lo espere en la primera esquina y ¡oh, maravilla!
Como esta superstición y creencia lambramina, hay muchas otras de las que tengo claro y nostálgico recuerdo y trataré de encasillarlos en breves líneas, en la idea de sacudir la memoria de mis paisanos, quienes al leer este texto, no solo puedan sonreír, sino rememorar y compartir sus recuerdos.
En los desayunos de Tomacucho, siempre había un plato grande de canchita de maíz chulpi. Genaro, se hacía de un manojo y las soltaba al plato de dos en dos. Si en la palma quedaban tres, sería un buen día. Si quedaban pares, ayayay.. a repetir el juego.
Antonio o Antuco, el eterno secretario de la casa de Tomacucho, se frotaba las manos con una amplia sonrisa, cuando al ajustar el cinchón del “yana mula” cargado de leños de unca en el prodigioso valle de Tanccama, el cuadrúpedo dejaba escapar un sonoro pedo. “Ay taitacha Dios, buena suerte, caraju”.
La tía Ceferina  se persignaba hasta tres veces seguidas de manera acelerada y sincronizada, al escuchar en la copa del gigantesco nogal de la huerta junto al río, el gorjeo lastimero de una pakpaka o búho. “Cacallau, picha huañurunka”. “Pobre, alguien va a morir“. Al día siguiente, Patita anunciaba con el doloroso tañer del Chincapum de la Iglesia San Blas, la partida de un llactaruna. 
Con desesperación la tía Santusa, pide a su hija Evangelina, matar a la fea, grande y negra chiririnka, que se asoma por la puerta de la casa. Una mosca grande con un zumbido inconfundible, que se da de porrazos contra las paredes de la habitación, venía a anunciar el viaje sin retorno de algún familiar. La mosca fue aplastada con una ojota y la muerte postergada, hasta nuevo aviso.
La tía Jesus, advertía a sus traviesos hijos, en cada oportunidad posible, sobre los riesgos de ver, escuchar o hacer algo que pudiera tener consecuencias dolorosas. Los pikis escuchaban los consejos y, muchas veces, se evitaban situaciones enojosas. Coincidencias o no, son hechos que perduran en el imaginario, en la mente y en el quehacer de los lambraminos y seguramente de otras latitudes andinas.
La sorpresiva presencia en las puertas de la casa de una libélula o kachikachi, es presagio de la visita de alguien muy querido y esperado. Entonces había que preparar detalles y agregar un plato en la mesa.
Si un pedazo de carbón se pegaba en la base de la olla de barro, se anunciaba la muerte de algún familiar o allegado. Si el leño del fogón estallaba con chispas o botaba espuma (leño húmedo sobre todo) se advertía violencia en la casa, producto de la borrachera del esposo.
Las abuelas eran generalmente, quienes transmitían los mensajes y advertencias de buen o mal augurio, sobre todo a los menores de la casa. Muchas de estas, coincidentemente se hacían realidad o se hacía algo para que se cumplan y el suelo esté parejo.
No tomar agua en los puquiales, porque te pueden quitar el alma. No mirar el arcoíris o kuichi, porque trae enfermedades muy peligrosas. No mirar de frente a un sapo, pues al respirar se llena de aire llevándose la sangre del menor.
“Aman punkuwan pukllaychu”. No juegues con las puertas batiéndolas de un lado a otro, porque puedes terminar en la cárcel. “Ama layanpi chihuacuta jibeichu” No hondees a un chihuaco, puedes perder la puntería.
“Aman calabazata urmachinkichu; churiyki opan kanman” No hagas caer la calabaza, tus hijos pueden nacer opas. “Aman konchata ichinkichu” No saltes encima del fogón, trae mala suerte. Aunque en este tema, también se dice que trae fortuna por todo un año.
“Aman qoyllurta yapaychu, casinan churiykikunan aska kanman” No cuentes las estrellas, porque tendrás muchos hijos.
Seguiremos buscando más datos con la ayuda de mis paisanos, como mi primo Dino Pereyra, que anda rebuscando en su memoria.

miércoles, 23 de agosto de 2023

S.O.S. BOMBEROS 68 DE ABANCAY

S.O.S. Bomberos 68 de Abancay
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Más de una veintena de intervenciones para atender emergencias causadas por incendios forestales han movilizado, en lo que va del año, a los voluntarios de la Compañía de Bomberos Nº 68 de Abancay. En el año anterior, la presencia voluntaria de hombres y mujeres de rojo, superó ochenta atenciones, muchas de ellas dramáticas.
Premunidos de la voluntad, confianza, solidaridad y fe en Dios, los más de 150 voluntarios abanquinos -de ellos 40 permanentes- han sabido afrontar los riesgos naturales del “oficio” la mayoría de veces, sin los equipos mínimos necesarios que la tarea exige. El riesgo de la vida, en manos del destino.
Aun así, son persistentes. Siguen sumando horas de sudor, ahogamientos, lágrimas, dolor y sufrimiento, condiciones de las que sus familiares son solidarios silenciosos y dolidos.
Hace unas semanas, lamentamos el enésimo incendio forestal registrado en la comunidad de Caype, en Lambrama, con pérdidas económicas importantes en crianzas y cultivos; ante la indolencia de autoridades locales, distritales, provinciales y regionales. Solo los voluntarios de rojo, con el respaldo comprometido de los propios campesinos de la zona, policía nacional, pudieron hacer frente a las oleadas de fuego y calor que arrasaron hectáreas de pastos y bosques.
Hace un día apenas, nuevamente los bomberos voluntarios participaron, apoyando a sus colegas de la Compañía 167 de Chalhuanca, en la sofocación de un brutal incendio forestal registrado en el distrito de Ihuayllo, en Aymaraes, que ha causado la muerte de una persona y otras desaparecidas. El común denominador de esta participación: la orfandad de equipos especializados para incendios forestales.
El caso dramático de la Compañía 68 de Abancay, a tenor de las expresiones anónimas de alguno de sus integrantes, es resultado de la burocracia inoperante e indolente de las entidades oficiales, caso particular del Gobierno Regional, que tendría entrampados o encarpetados procesos de adquisición de equipos.
Implementos esenciales, entre los que destacan equipos de aire comprimido para atender siniestros forestales, que fueron comprados en la gestión de Baltazar Lantarón, estarían almacenados en un largo proceso de inventariado que no tiene cuándo acabar. Mientras tanto, los voluntarios siguen saliendo con lo que tienen a mano; es decir, su propia voluntad y la esperanza de encontrar apoyo entre los pobladores afectados.
Está pendiente la adquisición de dos vehículos destinados a las tareas de atención en zonas rurales, pues las unidades que tiene Abancay son para emergencias citadinas, que no tienen capacidad para traslados alejados. 
Las emergencias registradas en el ámbito provincial o departamental evidencian, además, la ausencia de una autoridad central responsable de coordinar las atenciones. Los Centros de Operaciones de Emergencia, son superados por las demandas. No hay una autoridad local, distrital, provincial o regional que asuma la batuta de las responsabilidades en estos casos. “Todo es peloteo en las decisiones”, dice un hombre de rojo, cansado de las improvisaciones que no llevan a nada positivo.
Los incendios forestales que son recurrentes en nuestra región, merecen ser atendidos de manera organizada y articulada. Para ello el Instituto Nacional de Defensa Civil, los Centros de Operaciones de Emergencdia, los municipios distritales y provinciales, deben reforzar las coordinaciones permanentes con el gobierno Regional para que tanto los bomberos voluntarios como los ciudadanos, estemos preparados y capacitados para afrontar estas emergencias.
Es urgente se liberen los equipos comprados por la gestión anterior en el Gobierno Regional. Es apremiante agilizar la licitación para la adquisición de los vehículos especializados, en procesos abiertos y transparentes. 
Entre tanto, a los paisanos que sin medir las consecuencias dramáticas de sus actos, siguen practicando una costumbre ancestral de quemar pastos para “llamar las lluvias”, escuchen las recomendaciones los bomberos: NO QUEMEN.
Nuestra solidaridad con los bomberos voluntarios de Abancay. Ah, y cuando los vean en las calles o plazas, vendiendo llaveros, pines o solaperos para sufragar sus requerimientos y necesidades operativas, no los ignoren. Démosle una mano y las GRACIAS.

lunes, 14 de agosto de 2023

Cuando los amigos se encuentran

Cuando los amigos se encuentran

Escribe, Efraín Gómez Pereira

Un abrazo después de 48 años, es un abrazo que no tiene explicaciones. Es un pleno de emociones y sentimientos, de llantos contenidos y de miradas cálidas que nos hacen retroceder, de manera inevitable, en el tiempo. Un lejano tiempo que llega con mucho más que palabras y preguntas. 

Un abrazo que nos envolvió en una tarde sabatina llena de anécdotas, recuerdos y actualización de agendas personales. 
Seis amigos de adolescencia abanquina, miguelgrauina, nos encontramos en Lima, después de lustros y décadas, todos con el semblante cambiado por el paso y peso de los años, con abundancia de canas, algunas arrugas, unos ya abuelos; pero todos con el común denominador de la alegría por el encuentro, gestado a raíz de la visita de uno del grupo, que radica desde hace mucho en Europa.

José Luis Miranda, Raúl Castillo, José Luis Saavedra, Mauricio Echegaray y Efraín Gómez, abanquinos pikis, sesentones de la promoción 75, de la GUE Miguel Grau, armamos una collera de patas para darle la bienvenida a Percy Flores, ilustre palpacachino, que horas después volaba a España, a reanudar su vida familiar y laboral.

Cada uno en su momento puso en conocimiento de todos, en qué estaba. Todos profesionales bien logrados, con proyectos vigentes, alguno con la pausa de la condición de pensionista, otro todavía con la preocupación del día a día.

 Todos, sin embargo, orgullosos de su familia, de sus padres aún vivos, de sus hijos, de sus nietos, de su propia vida.

La mesa que se explayada con el ceviche, mariscos y pescados chorrillanos, rociada de cusqueñas de Trigo, bien heladas, nos soportó por más de cuatro horas de charlas que nos trasladaron a las aulas de Chinchichaca, a recordar a los amigos, a los maestros, a las santarrosinas, a las calles de la bella ciudad de Abancay.
A rememorar los trabajos en grupo, de las visitas de la biblioteca comunal, a los paseos de fines de semana, a los primeros avatares en las cosas del amor, a las escapadas chicheras en Tamburco hasta “bajar banderas”, a los sueños y deseos no cumplidos “porque éramos muy inocentes”.

Una botella de Chivas, compartida por la generosidad de Percy, acarameló aún más la tarde limeña, y nos liberó de prejuicios para ensayar desde nuestra propia realidad, experiencias personales en materia de salud. 

Surgieron, entonces, las recomendaciones de medicina natural para afrontar el sobrepeso, la diabetes, los cálculos, las hemorroides, los preinfartos, y todos los “itis” imaginables, “porque a esta edad ya no se debe jugar con la salud”.

El encuentro de amigos tuvo la libertad de liberarnos de taras y vacíos de adolescencia y juventud, y nos permitió desatar cabos que en su momento eran infranqueables. Así confirmamos muchas “sospechas” y ratificamos que nuestra amistad de hace más de cuarentiocho años, perdura y perdurará en el tiempo.

Confiamos que en octubre próximo o en las Bodas de Plata de la Promoción 75, el abrazo se repita con el mismo entusiasmo y sentimiento en Abancay, punto de encuentro programado. Así sea. Así será.

lunes, 3 de julio de 2023

Lambraminos se unen por su iglesia

Lambraminos se unen por su iglesia
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Finalmente, una iniciativa ciudadana que reclamaba, desde hace varios años, la intervención del ministerio de Cultura en la remodelación y restauración de la Iglesia San Blas de Lambrama, parece que será realidad. O, al menos esa es la impresión que tenemos.

La Dirección Desconcentrada de Cultura de Apurímac, ha dado el primer gran paso hacia ese propósito, otorgando luz verde al proyecto “Conservación y Restauración de Portón del Templo San Blas de Lambrama”, demandado por los propios lambraminos.
La mencionada Dirección de Cultura ha evacuado el Informe 021-2023, que concluye y recomienda “traslade el informe y su anexo al administrado para su conocimiento y atención a lo solicitado”, lo que significa que el viejo portón de nuestra iglesia, será sometida a un tratamiento especializado para su restauración.

El informe señala que el trabajo al que será sometido la reliquia lambramina debe cumplir el objetivo de “conservar el máximo posible de las piezas originales”. Es decir, se debe respetar las características del portón, el color, la estructura y partes. De ser necesario se hará el cambio de las partes dañadas, y piezas necesarias como los balaustres o columnas superiores de madera y las bulas metálicas que adornan la puerta.
La reacción positiva del sector Cultura, obedece a gestiones particulares realizadas desde hace varios años, ante diferentes alcaldes de Lambrama y autoridades regionales que no dieron respuesta, sino evasivas, desinterés y ofrecer compromisos y agendas que jamás se cumplieron. El lambramino Eliseo Villegas Ccorahua, impulsor de esta iniciativa, es testigo de las nulas respuestas de los alcaldes de Lambrama.

Eliseo, además advierte que la comunidad de Lambrama debe dar el permiso o autorización para que el restaurador retire la pesada y añeja estructura de madera, para trasladarla a Abancay, donde sería sometido a los procesos técnicos.
El presidente de la comunidad de Lambrama, Cirilo Huallpa, ofreció a Eliseo Villegas, gestionar en asamblea, la autorización comunal correspondiente para que se pueda retirar la puerta. Este trámite está pendiente y podría cumplirse esta misma semana, según Mario Paniagua, otro de los impulsores del proyecto.

Confiamos en que la sensatez y el interés común primen en los dirigentes comunales para que esta iniciativa largamente acariciada llegue a buen puerto y abra las puertas del ministerio de Cultura y del Gobierno Regional para que los perfiles técnicos de la ansiada restauración total de la iglesia San Blas, se hagan realidad.

Un primer paso con la puerta añeja, por donde habrán transitado miles de lambraminos, luego con el edificio, que es nuestra reliquia colonial de más de 400 años de historia. Bien vale la pena, escuchar, atender y apoyar iniciativas particulares, si es que las autoridades hacen de la vista gorda.
El alcalde de Lambrama, Ignacio Chipana, debe responder como corresponde. Ha sido abordado por el párroco de Abancay, Santos Isidoro Borda, para que intervenga en el tema.

Es necesario que los lambraminos de dentro y fuera pongamos interés, no solo con los “me gusta” en las redes sociales, sino con los aportes económicos que son imprescindibles. Se estima que la restauración del portón requiere una demanda mínima de diez mil soles. Estaremos atentos a la campaña de captación de fondos que los promotores anuncien.