lunes, 10 de febrero de 2025

Gomezchakuna de Tomacucho en Lima

Gomezchakuna de Tomacucho en Lima
Escribe, Efraín Gómez Pereira

En la fotografía Genaro, Alfredo, Rafael, Efraín y Mery - los hermanos Gómez Pereira de Lambrama -saboreando un tradicional kankachu en caluroso y afectuoso encuentro limeño, en casa de Rafo. Tarde llena de anécdotas y recuerdos que en algún momento nos hicieron lagrimear evocando la niñez e infancia lambramina en Tomacucho. Mery soltó los primeros sollozos, recordando que no pudo gozar el amor de nuestra añorada madre, Dora, que nos dejó cuando la hermana menor tenía apenas tres años.
Mery, Alfredo, Rafael  Genaro y Efraín, los hermanos Gómez Pereira. 

Estos encuentros familiares se hacen muy esporádicos debido a la distancia, los tiempos y nuestras propias responsabilidades. Pero nos traslada al reencuentro de cuando niños y reímos a carcajadas al recordar momentos vividos en Lambrama y Abancay, sobre todo en Lambrama cuando éramos los pikis: Genaco, Apelo, Apaco, Paín y Mericitacha. 

Las chanzas y ocurrencias expresadas en quechua fluyen como agua de los manantiales de Oqopata, refrescando el recuerdo de las mañanas y tardes de juegos en Surupata, de la pesca de Awaqos en Qotomayo, de los días de campo en Qahuapata, de las vacaciones con leche fresca en Qelqata, de las semanas de huiro y cosecha en Itunez, de los andares por Taccata y su belleza eterna.

Regresan como empujadas por el viento de Gomezmoqo, las madrugadas de caña y anzuelo, para pescar en el río Lambrama, desde Uriapo hasta Huaranpata, ricas truchas ensartadas en ganchitos de murmuskuy para los desayunos con choclo y papahuaico. De las escapadas a Huayqo y Luntiyapu, en busca de choclos kully que pintarían de morado deliciosas humitas acarameladas con ramas de anís silvestre.

La gran mesa ubicada en la cocina, donde la familia se apostaba a degustar sin tiempos, prisas ni pausas memorables desayunos, almuerzos y cenas en olor a panes, quesos, choclos, mote, canchita, leche, café, asados, lawas, salteados de carne wachalomo y otras delicias, regresa a nuestras remembranzas, sintiendo el paseo de cututos en busca de papaqaras, el frío de sus esquineros, el calor de los pellones de lana que amortiguaban las sentaderas, su ventanita con cortinilla que escondía temblorosas gelatinas de patita.

La imagen de Laureano, el tronco de la familia, dedicando fuerza, amor y voluntades, desde que desposó a Dora hasta su partida hace más de una década, fue elevada en nuestras emociones, recordando su voz de mando, su rigor de carácter, su disciplina, su sensibilidad con los propios y ajenos, su inigualable honestidad, rasgos que intentamos mantener e inculcar en nuestros hijos.

Rafael nos refrescó la memoria al recordar la habilidad gerencial que tenía Dora, al quedar al mando de la casa y los negocios de Laureano, cuando este viajaba a Lima llevando toros para los camales. Los fundos de Itunez y Limonchayoc, donde pasamos bellos días, meses y años habían sido adquiridas por Dora, destinando el dinero que Laureano dejaba para la compra de toros. El balance positivo de las compras alegraba sobremanera al exitoso ganadero que celebraba con una caja de Malta cusqueña. “Dorita… saluuu mamá…” gritaba extasiado desde Chacapata con su refrescante cargamento en manos.

Cuanto puede uno recordar al recorrer pasos de antaño, escuchando a los propios actores con un solo común denominador: la familia. Mientras en la mesa los hermanos brindamos, conversamos, sollozamos, reímos casi a gritos, en las inmediaciones están nuestros hijos – los primos – en sus propios ajetreos y con el paralelo de la unidad familiar que nos esforzamos en mantener y transmitir como sello característico.

Me precio de afirmar que, entre nosotros, entre los hermanos, no hubo, no hay, ni habrá peleas o disputas por tal o cual motivo. Al contrario, sabemos expresar nuestras diferencias, por más mínimas que sean, con altura y respeto. Somos solidarios y abiertamente francos. Eso esperamos de nuestros hijos, siguiendo las huellas y ejemplo de nuestros padres. 
 
La próxima reunión programada por los hermanos debe ser en Abancay y Lambrama, a la que se deben sumar las menores que residen en Abancay, Gladys y Martha, quienes también llevan la templanza del carácter y transparencia del tronco de Tomacucho, don Laureano Gómez Chuima.

miércoles, 15 de enero de 2025

Antuco en el recuerdo

Antuco en el recuerdo
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Llegó a Tomacucho cuando los hermanos Gómez Pereira, éramos niños. Llegó jovencito, apenas saliendo de la adolescencia, con su ropa raída, talones cuarteados y apretados en un par de ojotas castigadas por el largo uso. Un sombrero artesanal “loqosto” hecho con lana de oveja en forma de cono escondía una cabellera grasosa y abundante.

Laureano, mi señor padre, lo había contactado en las inmediaciones de la hermosa laguna lambramina de Taccata, en una ocasión de wacamarkay. El jovenzuelo, se mostraba atrevido para hacer frente a los caballos de la tropa de chúcaros que eran “marcados” con la LG, iniciales de Laureano Gómez, lo que convenció al próspero ganadero de Lambrama.
El cuarto de Antuco, pegado a la cocina en Tomacucho. 

Antonio Chicclla “Antuco”, rostro cetrino y pómulos enrojecidos, quechua hablante hijo de llamichos de la localidad de Queuña, en Chalhuachacho, aceptó la propuesta de trabajar en Lambrama, pueblo que conocía de oídas. “Ari papay”, habrían sido sus primeras palabras que lo vincularon de por vida a la familia Gómez Pereira, de Tomacucho.

Con una habilidad natural para muchos quehaceres enlazaba caballos y toros con destreza envidiable. Sabía pescar truchas en las albuferas de la puna, soltando champas de tierra negra que espantaba los cardúmenes que caían en costales o ponchos de lana. Cazaba ranas o kairas en los riachuelos altoandinos y las disecaba para preparar caldos que ponían fin a las bronconeumonías y prevenía la tuberculosis.

Tejía cinchones, correas, chalinas, huaracas y sogas con lana de oveja y con la crin de caballos que cortaba en sus afanes diarios y las custodiaba como riqueza. Herramientas, aparejos y caronas de uso común estaban bajo su responsabilidad. Se aseguraba siempre que esos elementos no estén dañados y los reparaba con habilidad empleando cuchillas, puntillas de madera, agujas de arriero sentado sobre un poyo de piedra ubicado en la puerta de la gran cocina.

Jugaba con los hermanos siempre vigilante. Recuerdo mi primer instrumento musical hecho por sus curtidas manos: un tautaco de palito delgado doblado de murmuskuy que, al contacto con la boca, la respiración y el punteo del hilo tejido con pakpahuato que lo arqueaba, nos regalaba un sonido particular. Huainos llorones, sobre todo. Su cuarto que tenía una tarima y una mini cocina o tullpa, era nuestro escondite favorito, con el secreto del propio Antuco.
Tomacucho, la residencia de los Gómez 

En algunas ocasiones lo acompañamos en su responsabilidad de acarrear leño para la cocina. Su lugar favorito era Tanccama, hermoso valle natural donde reverdecía un apretado bosque de uncas, tastas, lambras y queuñas las que talaba con antelación escondiendo los troncos para una próxima visita. Así, cada vez que buscaba leñas ya sabía dónde estaba el insumo para las chektadas correspondientes. Nunca faltaba leña en casa.

Un alazán criollo “Alaco” pequeño y siempre gordito presto para el ensillado, era su caballo favorito, que lo hermanaba con un mulo negro de carga “Añaco”. Ambos cuadrúpedos se entendían con original afinidad con Antuco, pues nunca se rechazaron. Bien ajustado el cinchón del aparejo y cargado de leño seco casi bamboleando en el camino, Añaco enfilaba la cuadrilla de animales cargados de leña, papa, maíz u olluco y con cada paso que daba expelía unos sonoros pedos, causando el comentario de un Antuco creyente. “Alamerda, yana mula supirukun, allin suerte caraju”.

Una mañana de verano, los pequeños hermanos lloramos la abrupta ausencia de Antuco, cuando soldados del Ejército se lo llevaron a la fuerza a Abancay para encuartelarlo en el marco de una campaña denominada “leva”, que captaba jóvenes en  zonas rurales para el Servicio Militar Obligatorio. A los tres días regresó Antuco con la cabeza bien rapada. Había descalificado por “pie plano”. Celebramos con inusitada algarabía ese retorno.

En las labores agrícolas disponía las tareas de chacra, asumiendo él mismo la capitanía de las tutapas, cutipas, deshierbes, cosechas y otras afines. A su merienda de campo entregada por mamá Dora y Victoria, cada una en su momento, nunca le faltaba uchucuta o un rocoto, que lo devoraba como si fuese una manzana. Con pepas, venas y todo. Los ojos rojizos y el sudor de su rostro evidenciaban un gusto muy personal por ese manjar andino.

Mantuvo un matrimonio fugaz con Guillermina, que también trabajaba en casa. La chola buenamoza, colorada y grandota y con una hija ya adolescente, lo abandonó y se fue a Lima. Antuco no sufrió la soledad. “Huaylaca warmi karan”, se consolaba.

Muchos mistis pudientes de Lambrama y otras localidades buscaron llevárselo con la oferta de una buena paga. “Manan. Ya tengo mi familia, mi casa” rechazaba. Dora lo quería mucho, Laureano lo trataba como a un hijo, y nosotros como a un hermano. Era nuestro hermano. Lo recuerdo silbando de madrugada al ensillar Chilingano, el caballo de montura de papá Laureano; haciendo dupla con Aquilino Gómez o Vidal Zanabria, para arrear toros hasta Abancay, en jornadas que duraban más de un día. 

Con los años la casa de Tomacucho se fue despoblando. Los hermanos salimos a Abancay y Lima y Antuco, fiel a papá Laulico, aferrado a la soledad, a su eterna soledad. Siguió acompañando a Laureano, cuando este también opta por irse a Abancay. No quiso acompañarlo a la ciudad donde estaría perdido. Cada vez que yo llegaba a Lambrama, que era una vez al año, llevaba ropa para Antuco, pantalones jean, casacas y zapatos, y una propina previo abrazo aromatizado por una cerveza. Murió de viejo, en la selva de Madre de Dios a donde había ido a buscar fortuna. 

Siempre que los hermanos nos juntamos para un reencuentro, una celebración o una visita informal, recordamos a Antuco y sus afectos, su veloz forma de hablar, de alimentar a los cuyes con cáscara de mote o papaqara, de perfilar algunos términos en español que le enseñábamos con el apoyo de una pizarrita escondida en la despensa. “Hirbi hirbi ollita” (hierbe hierbe, ollita) alentada a la olla de mote puesta en su tullpa rascándola, esperando la cocción del maíz que endulzaba paladares. 

¿Cómo estás Antuco? “Jodido nomás, papá” y soltaba una contagiosa y prolongada carcajada que le sacudía todo el cuerpo. Así te recuerdo, Antuco. Con tu risa alegrona, tu mirada inquisidora a pesar de esa tristeza que como condena acompañó tu soledad.

domingo, 5 de enero de 2025

Éxitos, Dr. Hermógenes Lima Chayña

Éxitos, Dr. Hermógenes Lima Chayña
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Es un magistrado reconocido en Abancay, con familia abanquina y egresado de la Universidad Tecnológica de Los Andes - UTEA. Con dieciséis años de ejercicio en el sistema judicial del país, asumió el 2 de enero, para el periodo 2025-2026, la presidencia de la Corte Superior de Justicia de Ucayali, el escalón más elevado de la judicatura regional. 

Se trata del Dr. Hermógenes Lima Chayña, abogado natural de Camaná, afincado en Pucallpa, desde hace más de una década donde ejerció importantes cargos. Entre el 2008 y 2015, fue Fiscal provincial Titular en Coronel Portillo. Desde 2016, se desempeñó como Juez Titular Superior en la Corte Superior de Justicia de Ucayali, donde ejerció la presidencia de la Segunda Sala Penal de Apelaciones y la Sala Civil. También presidió el Jurado Electoral Especial de Atalaya.
Al inaugurar el Año Judicial 2025 en Ucayali, Hermógenes Lima asume un tremendo reto que corona una destacada y exitosa carrera profesional, resultado de un trabajo tesonero, comprometido, responsable y de formación permanente. “Los tiempos de aprendizaje son eternos que no nos alcanza la vida” resume este empeño que muy pocos se animan a dar.

La nota quizás debió titularse “De soldado a presidente” pues mirar el retrovisor de la existencia de este abogado camanejo, nos permite recrear su paso por el Ejército peruano como soldado Raso, disciplinado y estricto; su desempeño como efectivo de la Benemérita Guardia Civil, impartiendo y exigiendo justicia para los más débiles. El salto cualitativo en su carrera profesional se gesta en las aulas de la UTEA, donde se graduó como abogado. Las referencias a su formación escolar son siempre de emoción, al recordar las aulas del colegio Sebastián Barranca, de Camaná.
Devoto del Señor de Huanca, a quien encomienda sus pasos y decisiones, ha anunciado una gestión humana transparente de estrecha cercanía entre los usuarios y el sistema judicial, a través del diálogo, capacitación y puertas abiertas previniendo actos de corrupción. También fortalecer la línea de carrera en el sistema con personal idóneo y actualizado en los instrumentos tecnológicos, que permita aligerar la carga procesal. 

Trabajar para la ciudadanía, lograr su confianza y hacer que la administración de justicia involucre por igual a la Policía Nacional, Ministerio Público, Defensoría del Pueblo, es el reto mayor planteado. Para ello, es sustancial las coordinaciones con los diferentes estamentos de la población, como el Gobierno Regional en el apoyo a la infraestructura necesaria. 
Conocemos en el entorno familiar a Hermógenes y estamos convencidos que su labor será de calidad y de resultados positivos. Su familia, sus hijos José, Samantha y Marthiel, su gran legión de amigos nos sentiremos -ya nos sentimos- sinceramente orgullosos. Éxitos, doctor Hermógenes Lima.

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Navidad para nuestros músicos lambraminos

Navidad para nuestros músicos lambraminos
Escribe, Efraín Gómez Pereira

La música es el lenguaje universal. Es la que transmite alegrías y penas; amores y desamores; sueños y esperanzas. Es base de toda sociedad. 

En nuestros pueblos, el huaino hecho música, es la expresión omnipresente de costumbres y tradiciones. Nos sentimos identificados con sus letras y acordes que reflejan la vida misma, vista de diferentes ángulos.

Quienes la ejercen como modo de vida, como artistas e intérpretes, como creadores, compositores o ejecutantes son nuestros ojos y oídos. Son nuestras voces.

Muchos de ellos, individualmente o en agrupaciones, no tienen reconocimiento, no son valorados, a pesar de su gran aporte. Queremos escucharlos para gozar, tararear y bailar con sus creaciones y casi exigimos que sea de manera gratuita, como un favor, por una gaseosa, una cerveza o un plato de comida. Lo cierto es que sin ellos nuestra historia sería vacía, llena de baches. 

Hace algunos años los músicos, compositores y cantantes de Lambrama, se organizaron en una Asociación y desde allí, de manera agrupada o individual, siguen difundiendo y transmitiendo nuestra cultura musical. Huainos, carnavales, jarawis, qaswas, huancas forman parte de su repertorio, del que los lambraminos nos sentimos muy orgullosos. 
La Asociación de Músicos y Artistas del Distrito de Lambrama - AMADIL, tiene por ahora catorce socios y, recientemente, con ocasión del 185 aniversario de Lambrama, fueron reconocidos por la Asociación de Residentes Lambraminos en Lima, presidida por Doris Contreras Espinoza, con la entrega de placas de homenaje, en señal de agradecimiento al aporte en la difusión y preservación de nuestro rico acervo musical.

Recibieron sus placas, en persona o través de familiares, los músicos y cantantes asociados Albino Chipana Salazar, Bernardino Pereyra Peralta, Bertha Huallpa Serrano, César Salazar Chipana, Edgar Gamarra Paniagua, Florencia Laguna Espinoza, Fran Salazar Ccanre, Hernán Chipana Aroni, Jorge Damián Puma, Rufina Sarmiento Puma, Marisol Galindo Aquino, Marisol Aymara Toromanya y Juan Pérez Tecsi. El galardón correspondiente a Alberto Sarmiento Taipe, fue entregado de manera póstuma a su señora viuda, Nancy Ccanre Chipana.  

Para fortalecer la organización gremial nuestros músicos realizan actividades sociales y culturales con las que consiguen recursos necesarios, aunque no suficientes. 

En ese entender, un grupo de lambraminos afincados en Lima, Cusco, Abancay y otras ciudades del país, en la idea de conformar un “Comité Cívico por Lambrama” como un grupo de trabajo permanente, viene apoyando a AMADIL en la entrega de canastas navideñas para sus asociados. Es un primer paso de la nonata institución pero que aspira a apoyar iniciativas que busquen darle valor a la riqueza de nuestro pueblo y reconocer a los lambraminos que, dentro y fuera del pueblo, destacan en diferentes facetas, en especial en las culturales y costumbristas.

Nuestros músicos requieren de nuestro apoyo y compromiso. Amadeo Vera Milla y Efraín Gómez Pereira, waqrapukus identificados en alma y corazón con Lambrama, su historia, su presente y su futuro, ya dieron un primer aporte y la canasta requiere aún de insumos necesarios que les lleve una sonrisa a los artistas y sus familiares en esta fecha de especial connotación universal, en la que la música, a través de villancicos, alegrará mesas grandes o pequeñas, donde los abrazos son los mejores y esperados regalos. 

Si quieres la música nuestra y valoras a quienes la mantienen viva, súmate a esta iniciativa y “yapea” tu aporte al 983 702 108, de Bernardino Pereyra Peralta, presidente de AMADIL. Feliz Navidad.

martes, 10 de diciembre de 2024

Tía Rosita, de Lambrama

Tía Rosita, de Lambrama
Escribe, Efraín Gómez Pereira

La recuerdo con su amplia sonrisa y siempre afanosa. Con un inseparable mandil blanco y un sombrero de paja con toquilla negra, atendiendo su pequeña tienda ubicada en la plaza de Armas de Lambrama. Buenas tardes, tía, nuestro saludo atento estaba confabulado con las visitas que hacíamos a sus hijos, mis primos coetáneos, para armar patotas e ir a jugar al patio de la escuela, al jardín infantil que se encontraba en la explanada lateral de la iglesia San Blas; al estadio casi llegando a Huaranpata, al quiosco de la plaza escenario de miles de historias y anécdotas, a buscar oqollos en Qotomayo.
En el día, nos ofrecía rosquillas bañadas con batidos de huevo o galletas de animalitos. Un vaso de chicha blanca, con incomparables aromas a almendras y habas, era un regalo por el que convertíamos casi en rutinarias las visitas.

Tras la mesa, con la mirada concentrada en un quehacer manual, de bigotes cargados y casi despreocupado, permanecía el tío Venancio.

Al recordarla me la imagino cantando “Candadito” con Dora, mi señora madre, su prima; también con sus primas Alberta y Saturnina. Una generación de lambraminas que son inolvidables.
Rosa Pereira, la entrañable tía Rosita, regentaba uno de los primeros hornos dedicados a la elaboración de panes artesanales, entre los que destacaban las roscas y las chutas. Las huahuatantas para las fiestas de Todos los Santos tenían un sello particular, con máscaras de bellas niñas de ojos azules y cabezas de caballos briosos.  

En ese entonces, en Lambrama tomar una botella de gaseosa era un lujo, al que los maktillos, escolares, inclusive universitarios de visita, no podían acceder sin afectar sus raleados bolsillos. Un vaso de chicha en caporal o en un kero de madera o puku, era la alternativa salvadora.
Tras los juegos competitivos y sin descansos en los patios de la escuela, los peloteros adolescentes, jóvenes e inclusive los policías de la entonces Guardia Civil que hacían deporte de manera habitual, recalaban en la tiendita de la plaza para saciar la sed con uno, dos o tres caporales de chicha, elaborada por las hábiles manos de la querida tía, que siempre tenía la ayuda de la señora Irene Gómez.

Recuerdo que había colgada en la puerta que daba a la calle, una bandera roja anunciando la existencia del rico néctar. Su pequeña cocina estaba levantada sobre el piso de tierra, casi al borde del barandal que la casa de la plaza tenía hacia sus interiores, donde ollas grandes o makas llenas del rico fermentado algunas veces con frutillas rojizas, hacían presencia destacada.

Como todas las mujeres lambraminas la tía Rosa era activa participante de las jornadas comunales, de las fiestas tradicionales, de los pasacalles y carnavales, donde su voz particular sumaba al coro de cantantes que improvisaban letras y llenaban de alegría contagiante.

Formó, como lo hacen las buenas madres, con rectitud y disciplina a sus hijos. Todos ellos profesionales y personas de bien. Roberto, Hildaura, Eloy, Evarista, Gerardina, Genaro, Alberto, Santiago, Coni y Froy.

Tía Rosita tiene más de cien años. Vive en Estados Unidos, con sus hijos afincados en ese país desde hace varias décadas. Es de las pocas lambraminas longevas que permanecen al calor de sus vástagos, nietos y bisnietos. Debe tener en memoria, gran parte de la historia de Lambrama del siglo pasado. Lambramina admirable.

lunes, 2 de diciembre de 2024

Paín y Maco, maktillos lambraminos

Paín y Maco, maktillos lambraminos
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Lambrama años sesenta del siglo pasado. Escenario de la vivencia de una generación que en la actualidad forma parte de una legión de sesentones y setentones, respetados y de respeto. Viejos jóvenes o jóvenes viejos, que han sabido aquilatar el paso de los años y representan a una corriente que aún mantiene los usos y costumbres de antaño, donde el saludo y respeto - tan ajenos y alejados de gran parte de las generaciones actuales-, eran norma natural de la sociedad que involucraba, en un coexistir normal, a una población heterogénea. 
Emotivas imágenes con sesenta años de distancia. Lambrama 1963 y Lima 2024.

Juegos creativos con reciprocidad y respeto a la familia, a los mayores, a la naturaleza eran habituales entre los niños de este pueblo amistoso, de puertas abiertas. Los menores de entonces, seguíamos el ejemplo de los mayores, de nuestros padres -a quienes no se nos ocurría tutear-; de los maestros, que aun siendo procedentes de otras jurisdicciones vivían en el pueblo y hacían de la enseñanza escolar un apostolado. Los mayores ejercían cargos de autoridades locales por voluntad y compromiso, sin presupuestos ni salarios; sino con transparencia y responsabilidad.

Las costumbres populares que elevaban a niveles de excelencia la cultura tradicional estaban marcadas en las agendas anuales. Las obras locales, escuelas, carreteras, caminos de herradura, canales de riego, agua potable, panteón comunal, estadio, mantenimiento de la iglesia, calles y plazas se hacían a través de las tradicionales faenas comunales, donde todo el pueblo participaba en ánimo festivo, con la alegría musical de los Kaperos o Piteros, grandes testigos de la historia lambramina.

Las fiestas tradicionales se realizaban bajo responsabilidad de los Carguyoc, Cargontes o Alferados, que se preparaban durante todo el año y las celebraciones eran para todo el pueblo. Sin duda, las fiestas de Corpus Cristi representaban el sumun del compromiso de una familia, que en la organización de la mencionada fiesta ponía en vitrina su prestigio y su capacidad económica, que era la vara con que se medían las responsabilidades de este tipo. El buen resultado tanto en atenciones, presencia de artistas, danzantes, visitantes, comilonas y tragos elevaba a los cielos el orgullo familiar. Había que ser atrevido y pudiente para este encargo.

En cuanto a las fiestas populares de participación abierta, destacaban y destacan hasta hoy, los carnavales autóctonos, no solo por la danza y música y la originalidad de los versos y contrapuntos, sino porque en fechas previas se compartían los primeros frutos y productos del campo en una tradición llamada “qollachacusqa”, una actividad que integraba familias y barrios. Asimismo, en la fiesta de Todos los Santos, todo el pueblo vivía en integración compartida y no fingida ni obligada, entre ricos y pobres; mistis y campesinos, donde se forjaban amistades y compadrazgos para siempre. 

Recuerdo con nostálgica nitidez una celebración tradicional que pasó al lamentable olvido, a pesar de que llevaba consigo una fuerza de integración comunal jamás repetida: el Vara Muday, o el cambio de mando del cargo de Gobernador Distrital. Una ceremonia oficial convertida en fiesta popular convocaba a todo el pueblo, en la que se escenificaba el cambio del tradicional sello de la principal autoridad: el Varayog.

El profesor Adrián Pereyra, director de la escuela fiscal era el gran promotor y organizador del Vara Muday. Maestros, padres de familia, autoridades, vecinos notables, campesinos y sus hijos integraban el elenco de la festividad, que era la muestra popular que representaba a Lambrama en las grandes convocatorias regionales por el 24 de junio, día del indio, del campesino, Fiesta del Sol. 

La bandera rojiblanca, esquelas, tinyas y quenas; seccollos y huaracas; huainos, carnavales, jarawis, qaswas y huancas, y una vestimenta multicolor al estilo de los indios de las comunidades de Marjuni y Payancca, hacían presencia destacada que le valió a Lambrama, ganar los primeros puestos en competencias regionales realizadas en Abancay, Saywite y Cusco.

Una fiesta tradicional que hermanaba a los lambraminos, pues todos los integrantes del elenco viajaban fuera del pueblo, con sus propios recursos. No había presupuesto, pero sobraban voluntad, compromiso e identificación.

Paín y Maco, dos niños de cinco años, y otros lambraminos menores como Yla, Carmen, Marieta, Lina, Juvenal formaban parte del elenco. Recuerdo que mi libreto era repetir: “Mamitay, taitay” y no soltarme de las manos de mi padre. 

La foto que ilustra esta nota de nostalgia tiene más de sesenta años y es el testimonio de la participación en esas lides culturales de dos amigos de infancia lambramina: Marco Jiménez Triveño “Maco” y Efraín Gómez Pereira “Paín”. La gráfica, sirvió para actualizar esa vieja amistad con el registro de un encuentro ocasional sucedido hace unos días en Lima, en el que el abrazo sincero y afectuoso, me trasladó a Lambrama, a los antiguos barrios de Tomacucho y Pampacalle, donde Maco y Paín, hacíamos de las nuestras; a recordar a Rebeca y Antero, a Dora y Laureano, nuestros inolvidables padres. Un abrazo para Marco y familia, a quienes recuerdo con mucha estima.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Fiesta lambramina entre Lima y Chipito

Fiesta lambramina entre Lima y Chipito

Escribe, Efraín Gómez Pereira

Los lambraminos tenemos costumbres festivas. La alegría por las fechas tradicionales nos encuentra siempre en unidad, a pesar de las naturales divergencias motivadas por ese lado humano que no sabemos esconder.

El carnaval autóctono, llamado carnaval campesino, es una de las razones de nuestro orgullo comunal, pueblerino. La música carnavalera, hermanada con las huancas, jarawis, qashuas y wacatakis, son expresión genuina de nuestras gentes, de toda condición y se aferran con fuerza ante el infeliz sometimiento de otras razones culturales. Arpa y violín, cascabeles, quenas y tinyas fueron, son y serán la base musical de esa alegría comunal.

En Chipito, lambraminos celebrando la Maratón 2024

Con ocasión del centésimo octogésimo quinto aniversario del distrito de Lambrama, los residentes lambraminos en Lima no podíamos dejar pasar la especial ocasión para expresar esa alegría innata, recordando las fiestas costumbristas, la música, la comida y la integración con los aromas que nos acercan al pueblo, a pesar de la distancia geográfica.

La dirigencia limeña tuvo a bien organizar una jornada deportivo-musical, en un domingo que nos permitió encontrar el abrazo de paisanos de diferentes comunidades en un ambiente festivo pleno de calor, sabor y deleite.

Saborear porciones suculentas de trucha frita, chicharrones, picante de tarwi, yuyo picante, mote y papas nativas, rociadas de chicha de jora, nos hizo respirar a Lambrama, a sus barrios, sus calles, sus gentes; cuyas generaciones limeñas tan identificadas como sus mayores, participaron de esa tarde de integración y alegría.

 
Lambraminos en Lima, recordando y celebrando a la tierra

Equipos de fulbito de hombres y mujeres, de las comunidades y de familias lambraminas, compitieron en amistosa jornada y al final, todos los asistentes, disfrutaron de una velada musical, donde los sones de guitarras, arpa y violín, los acompañaron hasta altas horas de la noche dominguera.

En Lambrama las celebraciones fueron más explayadas. Misa y Tedeum, desfile escolar, sesión solemne, tarde de toros, carrera de caballos, futbol inter-comunidades, festival gastronómico y otras actividades convocaron a propios y extraños. 

Sin embargo, lo más llamativo y atractivo, cuya realización debe quedar institucionalizada por la municipalidad, fue la novedosa Maratón Apu Chipito 2024.  

La dureza de la ruta en un camino escarpado, accidentado y empinado desde la Plaza de Armas, a 3111 msnm, hasta la primera cumbre del Apu Chipito, a 4325 msnm, obligó a los participantes, hombres y mujeres, a “redoblar esfuerzos” para coronar la explanada, desde donde se logra una mirada espectacular del hermoso valle de Lambrama.

La competencia fue ganada en las dos versiones por representantes de la comunidad de Atancama. Danny Quispe Pumapillo y Beatriz Taipe Serrano, jóvenes atancaminos que coronaron la cima de Apu Chipito, se convierten en históricos de las celebraciones lambraminas. Sus imágenes llegando a la meta y hondeando las banderas rojas, quedarán como reto para las próximas competencias.

 
Danny Quispe, Beatriz Taipe (Atancama) y Celestina Chipana (Urpipampa), 
ganadores de la Maratón Apu Chipito 2024.-

En la categoría varones, el segundo lugar fue para Saturnino Parcco Ortega (Lambrama); tercero, Josue Pacco Saldívar (Caype); cuarto, Carlos Huallpa Luna (Lambrama); quinto, Esteban Huallpa Luna (Lambrama).

En la categoría damas, primer lugar, Beatriz Taipe Serrano (Atancama); segundo, Celestina Chipana Parcco (Urpipampa); tercero, Sharmely Molina (Lambrama); cuarto, Justina Huallpa Luna (Lambrama).

Luego de inaugurar la Maratón Apu Chipito, la tarea para las autoridades municipales, según palabras del alcalde distrital, Ignacio Chipana Pumapillo, es institucionalizar la ruta, como parte de la agenda de las celebraciones; gestionar la mejora del tramo pedestre aligerando el camino que permita el acceso de locales y visitantes; levantar un parapeto o barandas de seguridad en la falda de las laderas que dan cara al pueblo y convertirlo en un Mirador de turismo natural y vivencial, que permita a los visitantes practicar la caminata, el contacto con la naturaleza, registrar fotos y videos del hermoso valle de Lambrama.