miércoles, 18 de marzo de 2026

Gracias, Apu Ccayuri de Cruzpata, Lambrama

Gracias, Apu Ccayuri de Cruzpata, Lambrama
Escribe, Efraín Gómez Pereira

En los días previos a la primera presentación carnavalesca 2026, programada en Lambrama, el dinámico joven comunero cruzpatino, Efraín Caller Dávalos, no podía conciliar el sueño, o dormía a sobresaltos. 

Miraba al cielo nocturno en su abrazadora oscuridad y cerrando los ojos, sentía su rostro bañado por el fresco viento procedente de las laderas del Apu Ccayuri, el cerro guardián de su pueblo, la comunidad campesina de Cruzpata, en Lambrama.
   
Y es que, bajo su responsabilidad, como su presidente, pesaba la presentación en concursos públicos, de la Agrupación Folklórica Apu Ccayuri, comparsa organizada hace menos de diez años, con la finalidad de promover, preservar y difundir los valores del carnaval campesino de Lambrama, con la particularidad del toque cruzpatino, tan especial y original. 
Los sobresaltos lo acompañaron por varios días. Confiado en la disciplina de la comparsa integrada por jóvenes y adultos, hombres y mujeres, hijos de Cruzpata y residentes, que se entregaron en pleno durante los ensayos, sin medir horarios ni cansancios, Efraín prometió entre sus más cercanos que lo ganarían todo, por Cruzpata, por Lambrama.

Así, el carnaval apurimeño 2026, se vistió de azul, fucsia y nogal, los colores de la comunidad campesina de Cruzpata. Tres presentaciones y tres triunfos categóricos, en menos de un mes elevaron a la cima del reconocimiento local y regional a la Agrupación Folklórica Apu Ccayuri.
Primero ganaron el decimoctavo concurso del Carnaval Autóctono realizado en el estadio municipal de Lambrama, con un despliegue imponente de coreografía que opacó a la presentación de otras comunidades acostumbradas a llevarse los primeros puestos.

Ni las lluvias ni el lodo que embadurnó el escenario municipal impidieron que la agrupación integrada por cantantes y danzantes entre hombres y mujeres rompa esquemas y con una comparsa de color y alegría gane aplausos y votos suficientes para sonreír desde lo alto del estrado de vencedores.

Luego, a pocos días, Abancay se rindió ante la gala de Apu Ccayuri. Su danza picaresca, la alegría de sus parejas, el color de las sonrisas, el sentido de la prosa de sus propias canciones, hicieron que los representantes de Cruzpata sumen a su galería el primer puesto en el concurso del Carnaval Campesino 2026, organizado por la municipalidad provincial. 
En el vistoso pasacalle que llenó de alegría y color las calles de la capital del departamento y en los tablones del estadio El Olivo, la comparsa Apu Ccayuri, despertó añoranzas por el carnaval autóctono y se hizo merecedor del reconocimiento mayoritario. 

Las celebraciones fueron austeras. Los ensayos continuaban sin tregua. La responsabilidad de representar a Lambrama en la siguiente gran jornada carnavalera obligó a la comparsa a mantenerse en orden, disciplina y ecuanimidad. 

Viajaban a Andahuaylas, a participar en el Vigésimo Encuentro Nacional del Carnaval Originario del Perú “Pukllay 2026”, jornada nacional que se ha convertido en una de las más importantes del país y que es transmitida por la televisión estatal.

La entrega del grupo, el dinamismo de las danzas, los contrapuntos de las parejas, el contagioso “was, was, was” de las canciones, los toques y retoques de quenas y tinyas, hicieron estallar las graderías del escenario Chanka, ungiendo a la Agrupación Folklórica Apu Ccayuri como la ganadora del premio Regional Pukllay 2026, haciéndose de la emblemática “Tinya de Oro”.

Cruzpata, Lambrama, Abancay y su carnaval campesino, se coronaba como lo mejor de Pukllay, marcando un hito grandioso para la cultura de nuestros pueblos, y un gran reto para las comunidades de Lambrama, que deben sumar fuerzas para mantener y prevalecer la valía de nuestro carnaval originario.

Cruzpata ha dado un gran motivo, un tremendo reto, para que las autoridades del distrito empeñen fuerzas y dedicación para lograr que el ministerio de Cultura declare al Carnaval Originario de Lambrama, como Patrimonio Cultural. Ya es hora. Hay que recordar además que ganaron el año pasado los concursos en Lambrama y Abancay. Gracias Cruzpata. Gracias, Agrupación Folklórica Apu Ccayuri, por levantar nuestro orgullo lambramino.

Cierro esta nota de celebración compartiendo el mensaje emocionado de Rosmery Escalante Utani, delegada de la agrupación: “Este triunfo es el resultado del esfuerzo, la pasión y la dedicación de nuestros danzantes, músicos, teatro y de cada persona que hizo posible llevar la esencia de nuestra tierra a los ojos del mundo en Andahuaylas. Hemos demostrado que nuestra identidad y tradiciones siguen vivas y vibrantes, conquistando el escenario con el color y la alegría que solo un cruzpatino - lambramino sabe transmitir. Gracias por hacernos vibrar. Este premio es de todos. Que este triunfo siga fortaleciendo nuestra cultura y nos mantenga unidos como el pueblo grande que somos. Seamos un distrito que esté en la vitrina de la exhibición del carnaval autóctono en la provincia y región. Desde Cruzpata venimos haciendo todos los esfuerzos por mantener viva nuestra cultura con la esperanza de que las nuevas generaciones la sigan promoviendo. Kausachun Cruzpata, Kausachun Lambrama, Kausachun Abancay”.

viernes, 20 de febrero de 2026

Distritanos Dorados de la 75

Distritanos Dorados de la 75
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Darle palabras a la fotografía que ilustra esta nota estaba pendiente. Fue tomada en octubre del año pasado, durante las celebraciones por el aniversario del colegio Miguel Grau, de Abancay, en especial por las Bodas de Oro de la Promoción 75.

Efraín, Ciro y Percy, los personajes de esta semblanza, tenemos una característica muy especial: somos distritanos que llegamos a la gran ciudad, en etapa adolescente, con todo el peso que, para esa edad, significa vivir fuera del entorno familiar, en casa alquilada, en pensiones o con el apoyo de una “empleada de hogar”.

Desarraigados del hogar familiar en un pueblo pequeño, tuvimos que adaptarnos a una nueva realidad en una ciudad grande. Fue, sin embargo, una etapa superada con creces y nos integramos con facilidad a una generación que creció con valores, responsabilidad y respeto.

Somos integrantes de la promoción Dorada, de sesenteros abanquinos que hace cincuenta años dejaron las aulas de Chinchichaca para aventurarse por el mundo en busca de una profesión que nos permita afrontar la existencia, ejercer, crecer, formar familia, vivir. 
Con Ciro Bedia Guillén nos reencontramos en Lima, después de cinco largas décadas, semanas antes de octubre 2025. Ponernos al día de los avances personales, con logros y frustraciones, con alegrías y tristezas, con retos y metas alcanzadas, y algunas tareas pendientes nos encaminó en la misma ruta. 

Ciro natural de Huanipaca, es un profesional de renombre en su carrera. Ingeniero Geólogo, doctor en Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, magister en Geología, es el actual decano de la Facultad de Ingeniería Geológica, Minera, Metalúrgica y Geográfica, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Elevado cargo que corona una carrera exitosa en el mundo académico como docente, director y asesor en diversas materias científicas en el país y el exterior. Un orgullo para su familia y para los Dorados.

Percy Flores Escalante, el tercer personaje de la gráfica, es natural de Palpacachi, distrito de Mariscal Gamarra, Grau. También con las mismas referencias que nos acercan a un entorno que supo afrontar los rigores de vivir en pueblo ajeno, lejos de los inmediatos.

Parco y algo introvertido se destacaba, sin embargo, como uno de los mejores alumnos de la promoción. Siempre en el cuadro de honor. Las matemáticas eran su fuerte. De hecho, se hacía de algunas propinas “enseñando” de números a sus coetáneos del Miguel Grau y del colegio Santa Rosa.  

Ingeniero Electrónico por la UNI, se desempeñó en el sector industrial y académico por varios años en Perú y luego migró al viejo Continente, donde elevó los niveles de su carrera profesional y forjó familia. Es Ingeniero en Automática y Electrónica Industrial, por la Universidad Politécnica de Madrid, España. Doctorado en Optimización de procesos de fabricación.

También se desempeñó como profesor Asociado en la Pontificia Universidad Comillas, Madrid; Universidad Nacional de Ingeniería; Universidad Católica de Lima, en áreas afines a Ingeniería Electrónica, Eléctrica, Mecánica, Mecatrónica, Telecomunicaciones, Industrial, así como consultoría en instrumentación y automatización industrial.

El autor de la nota, periodista y escritor lambramino ha paseado su pluma por diferentes medios del país y empresas públicas y privadas, por más de cuarenta años. Sigue escribiendo y promoviendo vivencias, tradiciones y cultura de Abancay y Lambrama, en la idea de aglutinarlos en un nuevo y pronto libro.

martes, 17 de febrero de 2026

Lambrama se viste de Carnaval Autóctono

Lambrama se viste de Carnaval Autóctono
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Lambrama y sus calles, su plaza y su estadio abrirán sus puertas de par en par, este domingo 22, para la gran celebración del “Decimoctavo Encuentro del Carnaval Autóctono-Originario 2026”, que espera convocar a una veintena de comparsas de las comunidades y anexos del distrito.

El tradicional Pasacalle, a realizarse en la Plaza de Armas del distrito y el concurso de comparsas inter-comunidades, en el estadio Municipal, buscan fortalecer la tradición cultural e histórica de Lambrama, cuna del carnaval originario en la región y manifestación que enaltece la lambraminidad dentro y fuera de sus territorios.
Ponchos, polleras, tinyas y lahuitos, lazos y huaracas ataviados por hombres y mujeres, jóvenes y viejos; se hermanarán en abrazos coloridos por decimoctavo año consecutivo, elevando la creación y belleza artística del distrito al nivel de reconocimiento y prestigio ganados en otras latitudes.

El pasacalle que inicia las celebraciones calificará puntualidad, identificación, vestuario típico, música y danza; mientras la presentación carnavalesca evaluará identidad, puntualidad, rituales, vestuario típico, música, danza y una demostración de las tradicionales costumbres del Paqui y Seqollo.

Como todos los años las comunidades lambraminas en disputa de premios pecuniarios otorgados por la Municipalidad Distrital, fueron seleccionadas en dos categorías: zona alta y quebrada. Los ganadores de la jornada de colores y aromas representarán al distrito en el Apu Tusuy a realizarse en Abancay.
Las calles estrechas y el escenario deportivo de la siempre acogedora Lambrama, darán paso a la alegría y algarabía popular de delegaciones de las comunidades de Marjuni, Payancca, Kisuará, Chua, Lahuañi, Pichiuca, Urpipampa, Siusay, Caipe, Suncho, Kera-Llullucha, Huayrapampa, Matará, Cruzpata, Atancama, Seccebamba, Soccospampa, Paccaypata y la propia Lambrama.

El decimoctavo encuentro fue precedido por las contagiantes celebraciones de la fiesta de los Compadres y las Comadres, y su lanzamiento oficial se hizo en el auditorio del gobierno Regional de Apurímac, en la ciudad de Abancay.

El alcalde del distrito Ignacio Chipana y una delegación de comuneros hicieron la demostración y gala de la fiesta lambramina en la plaza de Abancay y en el auditorio Micaela Bastidas, contagiando a los asistentes del calor y la alegría característica de la tierra de los wakrapukus.

El Encuentro del Carnaval Autóctono también servirá para que las propias comunidades participantes demuestren la calidad y variedad de la rica gastronomía de sus respectivas jurisdicciones, para beneplácito de los visitantes que se espera sea numerosa.
La fiesta carnavalesca de Lambrama no solo es la conjunción de tradiciones e historia, sino un importante motivo de revaloración de la identidad cultural, del turismo local, y la gastronomía que dinamizan la economía del pueblo. También ocasión de compromiso para que las autoridades impulsen lo necesario para que el Carnaval Autóctono Originario de Lambrama, sea declarado Patrimonio Cultural.
(Fotografías Municipalidad de Lambrama)

martes, 10 de febrero de 2026

LOS PEREYRA SE REUNIRÁN EN JULIO

LOS PEREYRA SE REUNIRÁN EN JULIO
Escribe, Efraín Gómez Pereira

En julio próximo será el esperado encuentro. Hermanos, primos, sobrinos, nietos, bisnietos de cuatro generaciones, muchos de ellos no conocidos, se abrazarán, por primera vez, en una reunión de júbilo familiar que asegura emociones y lágrimas a raudales.

Sus raíces son apurimeñas. Abancay y Andahuaylas. Lambrama y Huancarama son origen sede de los troncos que forjaron una casta de hombres y mujeres que, por el azar de los registros públicos, son diferentes por una letra, una vocal. 

Los Pereyra y Pereira, sin embargo, comparten los mismos lazos sanguíneos, que los hacen parte de un tronco conocido hasta los bisabuelos Martín y Francisca.
Martín cuando joven, buenmozo y blanquiñoso, llegó a Lambrama procedente de Pacobamba, Huancarama. Trabajador de obras públicas como capataz de faenas, que recorría provincias y distritos de Apurímac, conoció a Francisca, una joven hermosa, hija de una familia con vasta fortuna en terrenos y animales de crianza. 

Flechazo, conquista, matrimonio, tuvieron cuatro hijos: Constantino, Arturo, José y Constanza. Todos fallecidos.

El recorrido en un imaginario árbol genealógico nos permitió escalar hasta Martín, con algunas evidencias gráficas, inclusive. Luego llegarían por el abuelo Constantino, los hermanos Washington, Rosa, Augusto, Hugo y Balbina. Por parte del abuelo Arturo, los hermanos Melchor, Arturo, Augusto, Aurora y Raúl. Por el abuelo José, los hermanos Dora, Jesús, David, Virginia y Adrián. Por la abuela Constanza, los hermanos Alberto y Oscar.

La descendencia de los hermanos Pereyra Chávez, supera el centenar de hijos, algunos de ellos ya fallecidos y otros con residencia en Lambrama, Abancay, Cusco, Arequipa, Lima y el extranjero. Nietos y bisnietos en todos lares, muchos no conocidos entre ellos.

Los Pereyra/Pereira, se han organizado en grupos por ciudades y han definido concentrarse en Abancay y Lambrama, durante la última semana de julio 2026, en un primer gran encuentro que espera convocar a un centenar de familiares.

Los promotores hacen un llamado a los Pereyra y Pereira hermanos, sobrinos, nietos, bisnietos ligados a este apellido a enterarse a través de los cercanos y de las redes sociales generadas para esta ocasión especial. Coordinaciones en este enlace: https://chat.whatsapp.com/LvD8MdnLqVD9EyD8HEmHB6

lunes, 2 de febrero de 2026

María, la Reina de los Carnavales

María, la Reina de los Carnavales
Escribe, Efraín Gómez Pereira
 
Voz melodiosa, pegajosa. Canta suavecito, suspirando, como queriendo aferrarse a algo que se le va de las manos, de la sonrisa. Conocida como Wifala del Perú o Reina de los Carnavales lleva en las venas, en el corazón el color del huayno apurimeño, la alegría del carnaval abanquino, el calor del cantar lambramino.

Empezó tarde, para el promedio de las artistas que empuñan el micrófono como herramienta de trabajo. Debutó a los casi 18 años, en una peña limeña concurrida por turistas, cuando los grandes teatros eran esquivos al huayno. La Peña Wifala, ubicada en el centro de Lima, fue el primer escenario que la encaró con el público, con los aplausos, las miradas, los coros y los pedidos de “otro… otro”. De eso hace casi medio siglo.

Vestida siempre con el lujoso traje abanquino de polleras coloridas, mantón brilloso, blusa de encajes, broche dorado, botín de cuero y sombrero Micaela. Debe tener una vasta colección de estas joyas que enaltecen la cultura abanquina, al carnaval más alegre del Perú.
Carismática, con una permanente sonrisa, María Ballón Sierra, natural de Lambrama, tierra de su inocultable orgullo, de sus raíces; siempre menciona sus orígenes, recordando las voces y guitarras de su abuelo César y de su padre Percy, a quienes veía de niña, en jaranas inolvidables que sacudían paredes y techos, eucaliptos y árboles frutales de la prodigiosa hacienda Huaycaqa.

Dinámica e incansable en promover el huayno y el carnaval, tiene una agenda llena de compromisos que la llevan a diferentes escenarios en todo el país, como festivales, aniversarios, serenatas, fiestas costumbristas, encuentros entre paisanos, en los que se luce con Puka Polleracha, carnaval que identifica a los abanquinos.

Además, tiene una secuencia permanente de promoción del huayno por redes sociales, “Aires de Abancay”, donde habla con gentes de todos lares, con autoridades que le piden encargos, con amistades que solicitan saludos de cumpleaños, con vecinos que reclaman sus canciones, sus carnavales. Hace lo que más le gusta, lo que le apasiona.

Por su trabajo incansable de varias décadas, su dedicación y esmero en poner en relieve el canto andino, nuestro huayno, María ha sido reconocida en su tierra como en otras latitudes con diferentes merecimientos que ponen en alto su valía como representante y embajadora viva de las artes apurimeñas.
Siente orgullo de haber compartido escenario con el legendario grupo Los Chankas de Apurímac, en el teatro Municipal de Lima, del que tiene gratos recuerdos que los refleja en sus charlas y encuentros con seguidores y público que comparte su día a día.

Afirma que el mejor premio que ha merecido en su trajinar por aquí y allá, es el aplauso del público que corea sus canciones, que se alegra con sus presentaciones, con su entrega.

Recuerdo a María niña, en la escuela de Lambrama, jugueteando con sus pares en las escalinatas de la plaza de Armas, en los juegos infantiles, en los baldíos de Surupata y Cuncahuacho, donde hacía gala de su afición natural que la convirtió en una gran exponente del cantar andino, en la Reina de los Carnavales.

lunes, 26 de enero de 2026

Cartas y telegramas de antaño

Cartas y telegramas de antaño
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Finales de los años setenta, en Lima, un jovencito en busca de sus sueños recorre las calles del centro de la ciudad capital mirando, observando con atención y admiración los enormes bloques de cemento y fierro que se levantan a diestra y siniestra. 

Edificios privados y públicos, iglesias, ministerios, bancos, hoteles de gran envergadura pareciera que se codean con las nubes, de un casi siempre oscuro cielo limeño. 

La Plaza de Armas – con Palacio de Gobierno y la Catedral- se impone en prestancia, al igual que sus vecinas San Martín, Dos de Mayo, Bolognesi que lucen sus riquezas arquitectónicas. El Parque Universitario y la Plaza Unión, son imanes para la concentración de provincianos.

Jirones apretados, avenidas grandes. Las calles son puro dinamismo, ajetreo, desorden, bulla. Tránsito siempre pesado. Gentes que van y vienen se disputan los espacios de las arterias con una masa laboriosa de comerciantes ambulantes, que se han adueñado de pistas y veredas. 

El “recién llegado” tiene que adecuarse a la realidad. En Abancay las caras eran conocidas, las calles hermanadas. El “buenos días”, era una norma de valor impuesta por la propia cultura, heredada o aprendida de abuelos y padres que imponían respeto antes de todo. 
Antiguo local del Correo Central de Lima y carta de Laureano enviada en 1967

Ese jovencito interesado en crecer y “ser alguien”, ya atrapado por las fauces de la gran ciudad, no se olvida de sus raíces. Añora su tierra, extraña a su padre, a sus hermanos. De vez en cuando va a los terminales de las empresas de transportes Morales, Hidalgo, Cóndor de Aymaraes, a la espera de una carta, una encomienda con cancha chullpi y queso cachicurpa, que le traslade a los sabores y aromas de Tomacucho, en Lambrama,

No hay internet. No hay redes sociales. El WhatsApp ni en sueños. Pero hay necesidad de comunicarse para saber cómo están allá, cómo estamos acá. Las cartas escritas a mano con el consabido “Previo un cordial saludo…” se envían por las empresas de transportes o por el Correo Central de Lima, pagando una estampilla que hoy solo es recuerdo. 

Los telegramas de escasas palabras -cada palabra cuesta- que se debía dictar a una operadora, se convierten en instrumento comunicacional más rápido. Tenía que haber una emergencia para recurrir al telegrama. La llegada de un esperado mensaje se anunciaba por la radio comunal: “Atención señora Agripina, tiene telegrama en la oficina de correos”.

Cuántas veces habré ido al Correo Central para enviar una carta o dictar mi telegrama: “Querido papá, reclamar giro en banco. Tu hijo”. Hoy, sería un Yape y avisado por el móvil. 

Rebuscando recuerdos, encontré dos cartas que Laureano escribe a Dora, mi madre, en octubre de 1966 y marzo de 1967. Ambas hechas a puño y letra, con un orden y pulcritud envidiables; y enviadas a través de un familiar y amigo que viajaban de Abancay a Lima. “Adorada esposa, la Virgen del Carmen permita que esta mi carta te encuentre mejor de salud…”. “Aprovecho el viaje de mi amigo Rubén, para escribirte estas líneas…”

Esas formas de comunicación eran más personales, más humanas y llenas de emoción. Las cartas describían el estado de salud, expresaban preocupación por la familia, los hijos, los animalitos, los negocios, la vida misma. “Sin más que decirte, informo con pena que tus gallinas han muerto por la peste. No ha quedado ni una sola, pero ya encargué a Abancay para que me envíen una docena de pollos”. La respuesta era inmediata, aprovechando el retorno del mismo mensajero. Otros tiempos, sin duda, donde había que ser creativo para hilvanar las palabras y expresar lo necesario en pocas líneas.

jueves, 22 de enero de 2026

Los latigazos del "Chivo" Acosta

Los latigazos del “Chivo” Acosta
Escribe, Efraín Gómez Pereira

En algún momento de mi paso por el colegio Miguel Grau, de Abancay, segundo de media, sentí el ardor del latigazo que el “Chivo” Jesús Acosta, propinaba a los alumnos faltosos o desobedientes. 

En su condición de auxiliar, tenía todo el poder y rigor para corregir los entuertos de adolescentes que, en lugar de estar en clases, se “chitaban” para irse fuera del alcance de los vivaces ojos del Chivo.

Querido y condenado como consecuencia de su propio accionar, era un docente muy popular, exigente y de necesaria consulta para los permisos. Don Jesús, debía estar enterado de todo. Era su responsabilidad velar por la seguridad no solo del entorno estudiantil, sino y sobretodo de sus alumnos, de los grados que le correspondía como el auxiliar. En la formación de los lunes era el terror de los inquietos.
Recordado Julio “Chivo” Acosta Ríos, un personaje inolvidable en el Miguel Grau, en Abancay.

Un viernes cualquiera, casi al finalizar el recreo de la tarde, me enfrasqué en una pelea habitual, cotidiana con un compañero, natural de Tintay. El “chócatela para la salida”, era parte de la normalidad que terminaba a golpes, muchas veces fugaces. Con un abrazo pos chocolatera se ponía fin al desencuentro. Los rivales seguían siendo amigos.

Apenas terminamos el abrazo de la paz, luego de una trifulca con hinchada y barra presencial que nos rodeaban, se escuchó el grito agudo del Chivo: “Gómez… Núñez, a la dirección”. Asustado, todavía con la nariz embadurnada de sangre, y mi ocasional rival con un chichón morado en el pómulo, caminé detrás del Chivo. 

Sin sermones ni gritos, hizo zumbar el zurriago de metro y medio que lo acompañaba hasta al baño, don Jesús soltó un latigazo que, con su punta anudada, me hizo ver a Judas calato. Me sonrojé y aguanté las lágrimas. El otro cholo, el de Tintay, era un mar de llantos. “Ya saben, la próxima serán tres chicotazos. A bañarse”, gritó haciendo bailar sus bigotes blancos bien afilados. Salí de la dirección rodeado con el consuelo de algunos amigos y la burla de otros. 

Tenía rabia e iba masticando una venganza. “Carajo, ni mi padre me ha pegado así. Le robaré el látigo para quemarlo”, pensé. Pero el Chivo tenía ojos hasta en la espalda. Nunca estaba descuidado.

En casa, entre lágrimas me quejé con Laureano, mi padre, quien había llegado a la ciudad en su habitual visita de fin de mes. Miró con incredulidad la marca del látigo que resaltaba en mi trasero. “Iré el lunes a hablar con el director” dijo pausado y me llenó de calma. “Chivoemierda, ya verás”, ensayé un gozo vengativo.

Caminé junto a mi padre, arrastrando los pies por la avenida Seoane. Cada paso que daba me llenaba de dudas. “Señor Gómez, gusto en verlo, adelante” saludó don Jesús a Laureano.
 
Habíamos llegado quince minutos antes de la hora de la formación. El patio de honor estaba vacío. Me quedé afuera, en el pasadizo, esperando. Apenas dos minutos y salieron serios sin siquiera mirarme. Mi padre le alcanzó la mano: “Muchas gracias, don Jesús, a la próxima travesura dele más fuerte”. ¿Qué?, Sentí el rostro sonrojado y los pelos encrespados. Mis manos sudaban. No entendía nada. “En casa hablamos, hijo” y me alcanzó una moneda que fue a parar a manos de la tía Lora y sus papas rellenas.

Cuando llegué a casa, en el jirón Chalhuanca, Lauli ya se había ido a Lambrama. Nunca más hablamos del tema. Nunca supe qué le dijo el Chivo para que mi padre le agradeciera. Nunca más una travesura que provoque el latigazo del Chivo, del gran Chivo Acosta, que con ese rigor de antaño supo inculcarnos el respeto, el valor y la responsabilidad que hoy, cuando ya peinamos canas, reconocemos y valoramos. 

Antes era mejor, sin dudas. Hoy ese auxiliar exigente, severo, castigador sería masacrado por las redes sociales. Los alumnos de vidrio o cristal lo denunciarían por abuso y violencia, por atentar contra sus “derechos humanos”. Los padres de familia exigirían su expulsión. 

Gracias, Jesús “Chivo” Acosta, por esos zurriagos que nos enderezaron en algún momento. Miles de pikis miguelgrauinos de generaciones pasadas te recordamos con apego y reconocimiento.

lunes, 19 de enero de 2026

Mis huallatas de Taccata

Mis huallatas de Taccata
Escribe, Efraín Gómez Pereira

En Lambrama, a un animal de crianza familiar – una mascota-, se le conoce como “chita” y está vinculado generalmente con un menor de la casa. No se trata de un “juguete” personalizado sino de un encargo, una tarea, una responsabilidad que se le da al niño o niña, para que cuide del animalito que ha quedado huérfano o fue separado de sus padres por causas fortuitas.

Un cachorro, un pollo, un gato, un carnero, un pichinko, hasta un becerro o un potrillo puede convertirse en el amigo inseparable del infante, quien madura precozmente al valorar la importancia de un animal doméstico.

Recuerdo que mi hermano, Alfredo, el más engreído de don Laureano, cuando frisaba los ocho años, tenía como chita a un hermoso carnero blanco con vivos negros en el lomo, criado desde muy pequeñito a punta de biberones de leche de vaca y cortes de trébol tierno. 

“Luchito” se llamaba el lanudo y tenía como sus dominios a la cocina, los altos y el llantahuasi, donde dormía. No había olla con mote o papahuaico, que se salve de sus apetitos y curiosidad, con la algarabía y festejo de Apelo. Cuántas ollas habrá roto con sus cuernos arqueados y filosos.

Andaba pegado a los pantalones de su dueño. Corría y saltaba con agilidad felina por todos los rincones de la casa de Tomacucho y se explayaba cuando lo llevaban a los pastizales y maizales de Oqopata, Luntiyapu, Cuncahuacho y Jukuiri. Era dueño de sus propias travesuras. 

Mery Graciela, pequeñita ella, también tuvo su propia chita. Un gatito romano atigrado que llegó a casa envuelto en una chalina, dentro de las botas de don Laureano, en uno sus viajes de negocio hacia Lima. 

“Eusebio” se llamaba el felino en honor al nombre del chofer del camión que retornó a papá desde la capital con la diminuta carga. “Miyatitoooooo” exclamaba la niña Mery, cuando alguno de sus hermanos pikis se atrevía a poner manos sobre el minino.
Pero las mascotas o chitas que más identificación tuvieron con los hermanos Gómez de Tomacucho, fueron dos hermosas y silvestres huallatas o huashuas, que llegaron a casa en una tarde lluviosa de enero de los años sesenta.

Ángelo “Haya” Huallpa, veterano apoyo de mi señor padre, había logrado rescatar a los polluelos abandonados en los totorales de la laguna de Taccata, luego que sus padres habían caído bajo las balas de un mal Guardia Civil.

Ojos vivaces, alas siempre extendidas, patitas rojas, pescuezo con brillo permanente y un caminar enseñoreado y bamboleante, caracterizaban a estas aves que se integraron al hogar sin tener otra alternativa.

Mimados al extremo. Engreídos más que los polluelos o patejos que abundaban en huallpahuasi y la huerta familiar que reverdecía tras los Altos, las huashuas eran una atracción en Tomacucho. 

Crecieron a velocidad inusitada. Alzaban vuelo desde el layan que bordeaba el gran patio de la casa y aterrizaban en Qotomayo, en el estadio, en el patio de la escuela, en la plaza y bajaban hasta Itunez. Conocían las querencias de los Gómez y siempre andaban juntos. No eran pareja, eran dos machos, hermanos.

Cuando la familia se mudaba hasta Qahuapata para tomar leche y cosechar papas Qompis, las huashuas se sumaban al coro y eran felices en su hábitat. Volaban y sobrevolaban las pasturas de Qaraqara, Motoypata. Retozaban en los bofedales cercanos, en los pozos del río, buscando insectos, pastos verdes y semillas tiernas.

En las mañanas hacían de despertadores naturales pues sus graznidos característicos, agitaban al entorno familiar. En las tardes, a la hora del jesjento, buscaban la cercanía de los hermanos para que los lleven hasta el huallpahuasi, donde se habían improvisado nidos con paja y charamuscas secas.

Se confundían con las gallinas y patos a la hora de la merienda y se disputaban de igual a igual, el maíz o trigo que Julia les lanzaba con el lambramino “tacataca” en el gran patio de Tomacucho.

La tarde que uno solo regresó a casa, hubo duelo en la familia. Los hermanos lloramos la ausencia del par sospechando la fatalidad, que se confirmó al día siguiente. Buscándolo en las inmediaciones a Qahuapata, fue encontrado tieso, bajo la frondosidad de un pequeño bosque de marju. Había muerto atragantado con el pelo del caballo y no pudo hacer nada. 

Al sobreviviente lo llevaron a Taccata, en la idea que podía buscar una pareja y vivir al natural. Nunca más lo vimos. Cada vez que miro una huallata al visitar la hermosa laguna lambramina evoco la imagen de mis huashuas, mis huallatas de Taccata.

jueves, 15 de enero de 2026

JM Arguedas y el huayno lambramino

JM Arguedas y el huayno lambramino
Escribe, Efraín Gómez Pereira 

Lambrama, mi pueblo tiene, -al igual que otros pueblos andinos- una vasta riqueza cultural histórica poco valorada, poco apreciada y difundida con serias limitaciones. No hay promoción o estrategia pública que saque a luz o rescate tradiciones y costumbres que recrean la vida al natural de sus gentes que tampoco, lamentablemente, saben que son ricas, únicas y con enorme potencial.

Dos iglesias coloniales – Caipe y Lambrama- perennizadas en el cuasi olvido desde hace cuatro siglos; restos arqueológicos preincas escondidos bajo toneladas de tierra e ignorancia -Chaqnaya, Utawi, Qaraqara, Luntumarka, Chuqchupisqana-; creaciones artísticas que se hacen visibles solo en fechas emblemáticas, caracterizan a este distrito de Abancay, Apurímac.   

Las fiestas costumbristas lambraminas eran las de antaño. Tablacruz, Corpus Cristi, Patrón Santiago, Varamuday, Carnaval campesino, fueron catalogadas como expresiones vivas de gran renombre de un pueblo creativo y generador de cultura.

Varamuday, escenificación comunal que representaba el cambio de mando del gobernador, logró en los años sesenta y setenta del siglo pasado, galardones dentro y fuera de la región. Hoy es un recuerdo. En la actualidad, solo el carnaval campesino, llamado “autóctono” tiene alguna fuerza local que alcanza méritos en diferentes competiciones.

La música tradicional o popular, personalizada en el huayno, jarawi-huanca o qashua, es quizás, al igual que el carnaval, la corriente cultural que aun mantiene presencia creativa que nos enorgullece a los lambraminos. 

La “huanca”, es una representación comunal de antigua data que se hace en agradecimiento a la tierra, al agua, los Apus, en jornadas dedicadas a la siembra y cosecha. Las mujeres cantan a la vida, a los hijos, al futuro siempre agradecidas por lo que la tierra les brinda. Se canta también en jornadas familiares como wasichakuy, matrimonios, despedidas.

En cada una de ellas destaca la improvisación en los mensajes, acordes a cada situación. Hay una mamacha que lidera el dúo, trío o grupo que se acomoda al ritmo casi de inmediato. Es una ceremonia de mucho respeto y responsabilidad a donde no ingresan las que no sientan su valía. 

Los varones acompañan esta representación, respetando la primacía de las mujeres. Esperan el final del coro o de las pausas, para gritar ¡¡Chijo!! que viene a ser el complemento de hermandad y compromiso y de beneplácito porque se viene algo bueno para todos, la familia, la comunidad, el pueblo. 

Esta creación huaynera de Lambrama, fue seguramente la que llamó la atención de nuestro gran escritor apurimeño José María Arguedas, que en su joya literaria “Los Ríos Profundos” destaca “Cuando salía en la noche, los sapos croaban a intervalos; su coro frío me acompañaba varias cuadras. Llegaba a la esquina, y junto a la tienda de aquella joven que parecía ser la única que no miraba con ojos severos a los extraños, cantaba huaynos de Querobamba, de Lambrama, de Sañayca, de Toraya, de Andahuaylas, de los pueblos más lejanos… Luego regresaba a mi casa, despacio, pensando con lucidez en el tiempo en que alcanzaría la edad y la decisión necesarias para acercarme a una mujer hermosa; tanto más bella si vivía en pueblos hostiles…”

Esta revelación, grandiosa por su peso e importancia, y escrita hace más de sesenta años por el Taita Arguedas, la debo a la mirada acuciosa del gran periodista y mejor amigo, Miguel Ángel Silvestre que me posteó la cita y que le agradecí orgulloso. “Estoy volviendo a leer Los Ríos Profundos, del notable escritor y visionario José María Arguedas, y constato que menciona a tu distrito, Lambrama. Caminó por allí. Vale mucho. Sigue escribiendo.”, me dijo Miguel Ángel.

Busco y rebusco datos que permitan identificar qué huaynos lambraminos habrá cantado José María y no logro aterrizar. Quizás “Yunkay lorucha verde capacha, waiqo waiqon sara tukuikuq, amalla sonqoita suwallawaychu” (Lorito de la selva que acabas con el maíz del valle, no robes mi corazón); o “Waranhuay, qello waranhuay, pipaqrak qelloyashanki”. (Waranhuay flor amarilla, para quién te estarás poniendo amarilla”). 

Tal vez “Candatito aceromanta llavechayoq, piraq mairak quichallasunki”. (Candadito con llaves de acero, quién será el afortunado en abrir tu cerradura”). “Maitak maitak puka polleraiki, Lambrama fiestapi rantichikusjaiki; que tal lisura que tal vergüenza, iglesia qepapi chustichikusjanki” (Dónde está la pollera roja que te compré en la fiesta lambramina, que vergüenza te la quitaron detrás de la iglesia). Sea cual fuere el huayno, jarawi o qashua del relato arguediano, es un motivo grandioso que renueva nuestro gran orgullo de ser lambramino, wakrapuku.

Libros y lectura en Abancay

Libros y lectura en Abancay
Escribe, Efraín Gómez Pereira

La frase “Un pueblo que no lee está condenado a la extinción” de Mempo Giardinelli, periodista y escritor argentino, tiene un peso significativo en la tarea de “construir memoria histórica y conciencia, previniendo errores futuros y promoviendo la supervivencia cultural…”

Traigo a colación esta cita para valorar un reciente hecho que tiene ligazón con la cultura, la historia y la lectura; y con Apurímac. Tengo en manos libros publicados en los últimos meses, en Abancay, por apurimeños, que suman a una vasta producción literaria generada en nuestra región.

Los ejemplares han llegado a mi posesión, gracias a una antigua, terca y férrea costumbre que caracteriza a los lectores, o mejor dicho a quienes nos gusta leer: el canje. Años hace, cuando estudiaba en el colegio Miguel Grau, era ávido seguidor de los libros de bolsillo, llámese de vaqueros o pistoleras de Silver Kane, Marcial La Fuente Estefanía, Keith Luger (Miguel Oliveros), así como las de FBI o policiacas, que las encontraba en la céntrica peluquería Lux, concurrida por veteranos abanquinos, jubilados, exmagistrados, policías, etc.

Mi libro “Lambrama, miradas de nostalgia” fue “canjeado” por ejemplares de “El Entorno de Manuel”, de Manuel Azurín; “Así era mi pueblo”, de Santos Doroteo Borda; y “La Risa”, de Carlos Casas, y se convierten para estas fechas, en un reto a la tranquilidad en los viajes con destino al trabajo. Mientras el entorno de pasajeros está ensimismado en los celulares, mis ojos pasean por las páginas de estas obras descubriendo y conociendo aventuras, nostalgias, vivencias de sus autores, además de una selección amplísima de chistes y chascarrillos que no tiene fin.

Manuel Azurín, mi profesor en secundaria miguelgrauina, se explaya narrando sus propias experiencias como huancaramino, estudiante, universitario, docente, esposo, amigo, un ser con logros y errores. Es casi una confesión que nos permite conocer la intimidad de un hombre sereno, atento, disciplinado y, sobre todo, humano.

En 120 páginas, algunas ilustradas con fotografías familiares “El Entorno…” nos pasea por la experiencia personal del profesor de Biología, permitiendo acercarnos a una serie de aventuras que descuben a un hombre sencillo, como muchos. Hoy en el reposo del guerrero, Manuel viaja por diferentes lares, compartiendo su alegría de conocer nuevas experiencias, a través de sus visitadas redes sociales. 

Otro huancaramino, el sacerdote Santos Doroteo Borda, nos regala en testimonios personalizados, las vivencias de su niñez en el centro poblado de Aracahua, en el distrito andahuaylino de Huancarama, en el libro “Así era mi pueblo”. 

La narrativa está centrada en el quehacer de una familia tradicional dedicada a la agricultura y ganadería, en un pueblo que tiene similares costumbres y características que otras de la sierra, a través de la mirada acuciosa de un niño inquieto y observador. 

Festividades populares, que convocan a todo un pueblo, tradiciones que hermanan familias, costumbres que se arrastran por siglos con la misma fe y esperanza, vivencias convertidas en cuentos, vida rural, silvestre y tranquila, que nos ubican en escenarios donde no hay pobreza, sino riqueza natural que es envidia de foráneos, nos atrapan en sus 234 páginas.

Santos, el padre Doroteo, es detallista al exponer sus vivencias, obligándonos a leer y releer lo pies de página, donde se explican los alcances de algunas expresiones poco usuales y necesarias de aclaración.

Y para reírse hasta el agotamiento, hay que leer de a poquitos “La Risa, el secreto de la salud eterna” de Carlos Casas Suarez. Una compilación de chistes y chascarrillos creados, adaptados y adoptados por su señor padre el recordado empresario abanquino, Julio Casas Casas.

Miles de expresiones jocosas, chistes blancos y colorados, cuentos cortos, reflexiones que atrapan apenas se hojea el libro, conforman el texto de “La Risa…”, en más de 300 páginas hilarantes, que de seguro pasará a formar parte del propio repertorio de quien lo lee, para sacarle brillo en sus reuniones familiares, sociales u ocasiones que lo ameriten.

¿Interesante? Claro que sí. Se pueden conseguir con Manuel Azurín, 996725965; Santos Doroteo, 982820462 y; Carlos Casas, 985513040.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Arturo Miranda Valenzuela

Arturo Miranda Valenzuela

Escribe, Efraín Gómez Pereira

En los años sesenta del Siglo pasado, la hoy transitada avenida Seoane, que sube del parque El Olivo hasta el ingreso al colegio Miguel Grau, en Abancay, era un terral por el que muchos estudiantes de ese entonces tenían que recorrer para llegar a las aulas ubicadas en Chinchichaca.

Ex grauino y gestor decidido, el alcalde provincial de esa época, priorizó su trasformación junto a otras obras de necesidad pública, y la convirtió en una arteria de doble vía, por la que, en más de seis décadas, millones de pasos de miguelgrauinos, de abanquinos, al igual que millones de vehículos de todo tipo, dejen sus huellas por esa ruta, una de las más recorridas de la ciudad de Abancay.

El alcalde gestor era el abogado Arturo Miranda Valenzuela, quizás una de las autoridades más ejecutivas y comprometidas que haya tenido la capital de Apurímac.

El Mercado Modelo de la ciudad, que nos acoge con sus tradicionales caldos de cuy o de gallina, sus jugos especiales y sus maicillos siempre crujientes, también fue levantado por gestión de Miranda Valenzuela.


Arturo Miranda Valenzuela, personaje destacado de Apurímac.

Durante el periodo del alcalde, que regentó la ciudad capital entre los años 1963 y 1966, se realizaron obras de envergadura que literalmente cambiaron el rostro de la ciudad de Abancay, la ciudad de los Pikis. 

Se puede mencionar entre otras, con cargo a alguna omisión, el mercado de Huanupata, la Circunvalación al Mariño, avenidas Juan Pablo Castro, Estudiante, Centenario, Daniel A. Carrión, Garcilaso, el parque El Olivo, pavimentación de calles y avenidas, obras de agua y desagüe; centro de Esparcimiento de Taraccasa, piscinas municipales, campo de tiro de Villa Gloria, local de la biblioteca y radio municipal, etc.

Como presidente de la Junta de Obras Públicas hizo presencia en todos los distritos de Abancay, y en las otras provincias del departamento, en especial con la construcción de carreteras y trochas carrozables, en una clara visión de desarrollo regional.

Un inédito resumen apretado de la prolífica hoja de vida de Arturo Miranda, realizado por el doctor Pablo Zafra, con información facilitada por su hijo, Ramiro Miranda Zamora, nos permite conocer a un personaje no solo dinámico como alcalde sino, a un profesional pleno de idoneidad y un político de principios y valores difíciles de emular.

Dirigente desde sus épocas estudiantiles, fue defensor de causas justas como oponerse al cierre de la escuela Normal de Abancay, promoviendo el primer paro regional en la historia de Apurímac, pronunciando sendos discursos en Abancay que accionaron el respaldo de toda la ciudadanía.

Fundó el Colegio de Abogados de Apurímac, en 1964, convirtiéndose en su primer decano. Cargo similar ocupó en Junín, en cuya ciudad capital, Huancayo, vivió durante muchos años.

Como militante aprista, fue elegido Diputado por Apurímac en 1962, y Constituyente en 1978, con la octava más alta votación a nivel nacional.  


Ante Víctor Raúl Haya de la Torre, juramenta como Constituyente.

Recientemente la municipalidad provincial de Abancay, en el marco de las celebraciones del centésimo quincuagésimo primer aniversario, rindió homenaje a la memoria de Arturo Miranda Valenzuela, develando un busto en el parque El Olivo, en señal de reconocimiento a su destacada trayectoria personal y aporte a nuestra ciudad.

Arturo Miranda Valenzuela, natural de Pichirhua, es un personaje que todo abanquino, todo apurimeño, debemos conocer y valorar en reconocimiento a su integridad y capacidad de trabajo por nuestra ciudad.


domingo, 7 de septiembre de 2025

De quiraos, walthanas y chumpis

De quiraos, walthanas y chumpis
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Recuerdo a Guillermina, una chola buenamoza, blancona, pukauya y grandota, con una estatura por encima del promedio de las pashñas lambraminas, cargar con destreza una cuna de madera dura en la que descansaba su bebé de meses. 

La cuna hechiza con palillos de guarango o unca, conocida como quirao entre los wakrapukus, forma parte de la indumentaria familiar ligada a las madres y al desarrollo físico de sus hijos. Elemento sustantivo para el crecimiento de las wawas.

El quirao, elaborado por las hábiles manos del “arquitecto” Candelario Luna, de Allinchuy, estaba tejido por listones delgados y cruzados por hebras de pakpa y filos de cuero curtido, que le daban un porte de seguridad y firmeza, que garantizaba la estabilidad de la madre y su herqe.

Guillermina, natural de Marjuni, trabajaba en casa de Tomacucho y compartía sus responsabilidades de madre con Julia y algunas tareas domésticas que incluían el cuidado de la pequeña “niña Mery”. Cargar el quirao sobre la espalda y sostener con las manos a la otra niña, parecía un cuadro natural.
Lambramina luciendo el tradicional quirao. (Foto internet).

 interior del quirao estaba amortiguado por un pedazo de pellejo de oveja que encajaba en el cubil cubierto con mantitas de lana de colores. Se sujetaba con un cinchón también tejido de lana de colores vivos y diseños geométricos.

El uso del quirao se estilaba hasta que el bebé cumpla un año, plazo en el que, según la sabiduría popular, este lograba fortalecer adecuadamente su anatomía en desarrollo y crecimiento físico.

Pero no solo era cargar el quirao, para garantizar el crecimiento del menor, sino había que cumplir otras reglas, también naturales a la idiosincrasia de los pueblos andinos: envolver en una manta o walthana y fijar la estabilidad del cuerpecito con una faja o chumpi. Ambos elementos elaborados con lana de oveja y diseños particulares.

La walthana, o fajado de la criatura era un arte que las mujeres aprendían o asimilaban con naturalidad. Era parte de la herencia familiar al igual que el propio quirao. Pies y manos pegados al cuerpo casi amortajados, con una ligera presión para evitar que este se moviera o pataleara y pudiera escabullirse. Sobresalía la cabeza soportada por un chullo de lana, que lo mantenía caliente.
Walthana y chumpi, en imagen de A3 Arqueología, antropología y arte 

La experiencia señala que esta modalidad de trato al menor era una forma de asegurar que este crezca derecho, con los huesos fuertes bien formados y la columna enderezada. El fajado se realiza con el chumpi, un tejido de colores de dos metros de tamaño, lo suficiente para cubrir con un par de vueltas el cuerpo walthado del menor.

El quirao, con el bebé walthado y sujetado con el chumpi, tiene cuatro patas para descansar mientras la madre realiza actividades que exigen su plena concentración. En el piso puede ser movido como balancín, ayudando a que la wawa duerma o se tranquilice. Todo un arte heredado desde tiempos preincas.
 
Tradicional quirao en post de comunidad campesina Cancha Cancha, Ayacucho. 

El quirao, la walthana y el chumpi, como se podrá entender, no son predominio de las lambraminas, sino son elementos que trascienden siglos e historia. En museos de Cusco y otras ciudades, se pueden apreciar ejemplares rescatados y conservados, al igual que en tratados de historia, que los ubican como elementos prehispánicos.

Lamentablemente estos usos populares y tradicionales, como muchos otros, están pasando al olvido superados por cunas, andadores y cochecitos de plástico que se han impuesto por la facilidad de encontrarlos y descartarlos o reemplazarlos. Y cuando en la calle se vea a un joven, hombre o mujer, con las piernas chuecas o “arwichankas”, alguien murmurará “pobrecito, a este no lo han walthado de chiquito”.

lunes, 25 de agosto de 2025

Miguel Grau 75, Bodas de Oro

Miguel Grau 75, Bodas de Oro
Escribe, Efraín Gómez Pereira

El esperado abrazo del reencuentro después de cinco décadas será la culminación de una celebración ensoñadamente acariciada por una generación de sesentones egresados de la GUE Miguel Grau, de Abancay, hoy Institución Educativa Emblemática. 

Integrantes de la Promoción 1975, que este año celebran sus Bodas de Oro, han venido coordinando de manera entusiasmada en los últimos meses para hacer que las celebraciones Miguelgrauinas de octubre próximo sean de ensueño, históricas.

En Abancay, Cusco, Lima y otras ciudades, así como en el extranjero, donde residen promocionales, se han realizado reuniones de trabajo presenciales y virtuales, con miras a lograr una convocatoria masiva de los sesentones que han programado una agenda sostenida a cumplirse durante la semana de fiesta Grauina, que este año cumple 136 años, su centésimo trigésimo sexto aniversario.
Promoción Bodas de Oro Miguel Grau, testimonio gráfico en tres momentos: 1975, 1990, 2024.

Percy Salcedo Zúñiga, acompañado de una directiva descentralizada integrada por Alfredo Urbiola Benites y Efraín Gómez Pereira; y las delegaturas de Juan Juro Montes, Waldo Ramírez Bustamante e Iván Miranda Zuzunaga cargan con la tarea de la convocatoria, organización, celebración y demás compromisos que incluyen la participación de familiares. Es decir, una labor de elevada responsabilidad que ha logrado respuesta satisfactoria.

Para la tradicional “Clase del Recuerdo” se invitará los docentes Raúl Peralta Vera, Roberto Vivanco Urquizo, José Miranda Valenzuela, Romulfo Bedoya Castillo y Manuel Azurín Meléndez, quienes, en representación de una destacada generación de maestros, recrearán sus años de docencia con quienes hoy celebran cincuenta años de egresados de las aulas del Chinchichaca. Recordarán a los queridos profesores que en cinco años de compartir legaron valores, conocimiento y respeto.

Una placa recordatoria que perennice la relación de los 130 integrantes de la promoción Bodas de Oro, veinticuatro de los cuales ya adelantaron el viaje sin retorno, será colocada en el frontis del pabellón principal del colegio, en el marco de una ceremonia a esperarse emotiva, llena de recuerdos y de flashes.

Asistirán, como todos los años, a las jornadas tradicionales del Pasacalle y a la ceremonia oficial en honor al Colegio, ante el busto que erige la gloriosa imagen de Miguel Grau, en la avenida de ingreso al local educativo.

En el Desfile de Honor, se hará el intercambio de recuerdos y la entrega del Estandarte tradicional que simboliza el cambio generacional a la Promoción 76, siguiendo la tradición Miguelgrauina que inunda de emoción a las familias abanquinas, apurimeñas.

Visitarán el Hogar Asilo de Ancianos para retribuir a nuestros mayores que descansan en ese local humanitario una muestra de emociones y agradecimientos. Asistirán a una misa y romería en recuerdo y homenaje a los colegas que forman parte de la legación de Ángeles del 75: Willy, Gaspar, Edgar, Rubén, Hamilton, Guido, Joaquín, Hugo, José, Nemesio, Larry; Matías, Cancio, Genaro, Ángel, Mario, Toribio, Víctor, Pedro; Dominguín, Diomedes, Bailón, Gualberto, Enrique, Gilberto y Andrés.

Cerrarán las celebraciones doradas, con el almuerzo de confraternidad en el tradicional recreo El Edén, que sellará el reencuentro de pikis abanquinos, apurimeños que hace cincuenta años dejaron las aulas de la GUE Miguel Grau. Hoy acariciados por canas y años, con la acumulación de experiencias, soñarán con el próximo reencuentro, siempre con el entusiasmo y cariño que Abancay y sus calles, el Grau y sus patios, aulas y escalinatas los vieron crecer y convertirlos en hombres de bien que viven para recordar y trasmitir esas vivencias a sus hijos y nietos. Agradecidos y orgullosos de ser Miguelgrauinos Dorados de Abancay.

miércoles, 20 de agosto de 2025

"Qauchu Kullu", aporte miguelgrauino

“Qauchu Kullu”, aporte miguelgraunio
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Cuando en los años setenta del siglo pasado, el jovencito Julio Arnaldo “Chivo” Acosta Sullcahuamán bajó con su maleta de sueños de un añejo Cóndor de Aymaraes para enfrentarse a Lima y sus desafíos, Lima y sus posibilidades; se topó con la dura realidad de una ciudad cosmopolita que entre sus calles y veredas escondía – ahora los exhibe como natural característica- enormes montículos de basura; obra y gracia del ser humano.

Las calles cercanas al tradicional parque Universitario, en el centro de Lima, donde estaban los cuarteles generales del bus interprovincial que lo llevó de Abancay a la capital en un viaje de más de 24 horas, no eran lo que todo provinciano imagina. La basura acumulada lo impactó sobremanera y recordó que, en Abancay, en Cachora – su tierra -, no había basurales de esa magnitud. 

“El andino sabe gestionar su entorno. Todo lo reutiliza” pensó para sí. Ese día, decidió que tenía que hacer algo para cambiar esa terrible situación. Se hizo ingeniero Mecánico en la Pontificia Universidad Católica, de la que hoy es docente principal, y su mirada tenía un norte: investigar.

Egresado de la GUE Miguel Grau, en el 75, hoy Bodas de Oro, el Chivo, destacaba como uno de los mejores alumnos de su promoción. Dedicado, disciplinado, responsable, cumplidor. Dibujaba bonito, tenía cuadernos bien ordenados y vestir pulcro. Atributos que sumados a su gran capacidad académica lo perfilaron como un potencial investigador.
Ya como profesional dedicó parte de sus capacidades de investigador a buscar salidas y alternativa al uso y reúso de materiales que se botan a la basura. El plástico en sus diferentes presentaciones del que nos deshacemos a diario y que son elementos altamente contaminantes del medio ambiente, acaparó su atención.

En España, en la Universidad Politécnica de Cataluña, se especializó en el Centro Catalán de Plástico, donde aprendió de los compuestos de madera y plástico. Ese conocimiento, muy especializado, lo trasladó a la Universidad Católica, en cuyo laboratorio de Ingeniería Mecánica lidera un equipo de profesionales y estudiantes, investigando maderas locales y plásticos, a fin de darles uso productivo.

Así llegaron a las tapitas de botellas de plástico y a las virutas de madera. Con el conocimiento de la tecnología que permite hermanar a estos elementos de descarte y convertirlos en un material resistente tanto o más que la madera y el plástico solos, impulsó su propio laboratorio en la universidad instalando hornos, prensas, moldes que les permitiría avanzar en las investigaciones.

En ese laboratorio nació “Qauchu Kullu” (plástico-madera o “madera de plástico”) una mezcla de plástico y madera reciclados. Es de alta durabilidad, liviano y moldeable. Resistente a químicos y a la perjudicial polilla; y de costo comparativamente económico. Con el novedoso Qauchu Kullu, se producen objetos útiles y se contribuye al cuidado del ambiente.

Plástico y madera rescatados de los desperdicios, abrazados para el confort humano en amoldables sillas y carpetas. No se trata del invento del Siglo, tampoco de una creación particular, sino del uso adecuado de materiales que, a pesar de provenir del descarte, siguen siendo útiles, gracias a la tenacidad de un miguelgrauino de la promoción 75, Bodas de Oro.

martes, 12 de agosto de 2025

Mi vecino el gallinazo

Mi vecino el gallinazo
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Su hogar es un viejo tanque tirado en un descampado abarrotado de maquinaria abandonada que ocupa un terreno grande, colindante a mi vivienda, en plena avenida Huaylas, en Chorrillos. Restos de camiones, cargadores frontales, tractores oruga, mezcladoras, abundante fierro en proceso de oxidación, que habrían sido utilizados en obras de construcción de carreteras, pistas, viviendas y edificios, se atiborran en un cementerio de fierros que dará paso, en cualquier momento, a un nuevo complejo habitacional.

Revolotea a diario emparejado siempre, mostrando su imagen enseñoreada cuando extiende las alas para despabilarse del frío o del calor. Es el gallinazo, mi vecino desde hace más de quince años. Lo veo, solo o con su familia, desde mi ventanal del segundo piso.

A veces llegan en grupos de cuatro o seis, alborotando el palomar instalado en el mismo cementerio de fierros. Una comunidad de gallinazos, seguramente para celebrar algún acontecimiento.

Son pacientes. Nada ni nadie los apura. Se posan sobre el tanque de metal oxidado y vuelan, de rato en rato, hacia el viejo galpón donde las palomas anidan desde siempre, donde consiguen con suma facilidad pichones para su nido, donde esperan sus polluelos.  

En días soleados, una pareja ya identificada, se solaza acurrucada y quieta. Se olisquean unos a otros y sus picos encorvados y brillosos, juguetean con el plumaje del lomo de su cercano. Abajo, dentro del tanque, están sus pichones, que lanzan graznidos inconfundibles, reclamando la comida, a veces con desesperación. 
En mi entorno ya forma parte del paisaje urbano. Sus vuelos y aterrizajes, sus aspavientos y graznidos, sus olores pestilentes que eventualmente llegan empujados por ráfagas de viento están integrados al condominio de mi residencia. Sin “querer queriendo” los he adoptado como mis vecinos. Solo falta saludarnos y expresar nuestra mutua preocupación.

El gallinazo es un habitante natural de Lima, donde vive desde siempre. Revolotean en las orillas del río Rímac, sobre los techos de edificios abandonados y cúpulas de iglesias en el centro histórico, en las inmediaciones de los mercados llenos de montículos de desperdicios, en las playas, en los basurales, constituyéndose en aliados de la limpieza pública, en recicladores por excelencia y en depredadores permanentes de roedores. Por su feo aspecto, su olor asqueroso y su imagen de rapaz y carroñero, es un ser incomprendido, poco valorado.

En la época colonial muchas acequias prehispánicas expuestas al aire libre acumulaban desperdicios de los mercados y transeúntes. A través de los siglos, gracias a la labor silenciosa de los gallinazos, se evitó la propagación de enfermedades y, por ello, no los mataban.

“Es un ave carroñera, que por su inmunidad a la salmonela (bacteria que se encuentra frecuentemente en los cadáveres que consume), cumple un papel fundamental en la red trófica. Actúa como reguladora al limpiar los ecosistemas de carroña, desechos, excrementos, entre otros, saneando el ambiente y previniendo la proliferación de patógenos que pueden ser perjudiciales para otras especies y para el ser humano”. (Portal web Naturaleza y Vida Silvestre) 
 
Antaño, había leyes que promovían su protección y se sancionaba a quienes osaban sacrificarlos o eliminarlos. Una mirada de cuidado, comprensión y respeto hacia estos aliados de la limpieza pública ayudaría, nos ayudaría.

viernes, 27 de junio de 2025

Zoila, lambramina de Roble

Zoila, lambramina de Roble
Escribe, Efraín Gómez Pereira

El jirón Cajatambo, en Chacra Ríos Norte, Lima, una calle estrecha de apenas un par de cuadras, está marcado en mi “disco duro” como un elemento imborrable, que ningún hacker ni virus podrá eliminar. Ahí está la vivienda de Zoila Perpetua, la hermana mayor de los Gómez Flores, de Lambrama.

Ahí recalé todavía muchachito, pelucón y pantalón campana, hace casi cinco décadas, con quinto de media y una talega llena de sueños, ilusiones y esperanzas. Es el primer capítulo de mi vivir en el tránsito de la adolescencia a la juventud y del camino que me llevó a la madurez, a alcanzar una profesión, a forjar familia propia en esta ciudad de luchas y expectativas.  
Atrás quedaron Lambrama y sus añoranzas, Abancay y sus ensueños. Pueblos a los que, sin embargo, llevo arraigados en las entrañas, en el corazón y la mente; y los visito con rigurosa disciplina una a dos veces al año.

Han pasado los años y los avatares del destino han limitado nuestra presencia cercana. Mantenemos, sin embargo, como toda familia unida, un férreo cordón que nos conecta en afecto y cariño que hemos extendido a nuestros hijos; mis sobrinos y sus sobrinos. Hay fechas emblemáticas que nos encuentra en abrazos y recuerdos.

La casa del jirón Cajatambo es el imán que atrajo a muchos familiares, hermanos y primos de Zoila, a quienes nos acogió con el mismo calor que los brazos de la prima, de la hermana mayor. Desde sus intimidades hemos salido a buscar el pan del día, en ocupaciones de diferente modalidad, a forjar destinos propios en colegios, universidades, ejército. En sus ambientes hemos zapateado huainos, carnavales y cumbias, en jornadas de alegría inigualable. 

Todos, sin exclusiones, hemos recibido el sincero afecto de las manos abiertas de Zoila y Manuel, su esposo, en etapas en que el apoyo para quienes inician la larga ruta hacia la madurez es necesario.

El respeto entre todos es una característica enorme que heredamos de nuestros padres; Gregorio, en su caso y, Laureano, en el mío; y que transmitimos a nuestros hijos como algo natural. Somos solidarios y no tenemos limitaciones a la hora de compartir.

Trabajadora desde muy niña, Zoila supo encaminar su rumbo a través de la fuerza, dedicación y esmero en los negocios. Fruto de ese esfuerzo, sus hijos son profesionales exitosos y, sobre todo, personas de bien. Marco, médico en Europa, Hernán, alto oficial del Ejército y Sara, periodista en Europa. Un gran logro que admiramos quienes los queremos.
Hoy, Zoila Perpetua, la prima, la hermana mayor, la lambramina que llegó a Lima muy joven, adolescente aún; la madre de sus hijos, de sus nietos, de sus hermanos, de sus sobrinos y primos, cumple ochenta años, la edad del Roble. Ocho décadas que la encuentran en plena juventud otoñal, con lucidez y fortaleza envidiables. Siempre alegre, siempre afectuosa, siempre jovial.

Ocho decenios que marcan una historia personal y familiar que merece un cuadro, una medalla, un galardón. Zoila, mi querida hermana mayor, merece todos los reconocimientos; y quienes la conocemos sabemos que es lo justo. 

Muchas gracias por todo, querida Zoila. Sabes el enorme valor que tienes en nuestras vidas. Sabes que te queremos, no solo como prima, sino como hermana, como Madre. Larga vida para ti, para que sigas alegrando nuestras existencias.

domingo, 20 de abril de 2025

Para sabios, los viejos

Para sabios, los viejos

Escribe, Efraín Gómez Pereira

Qué bonito es conversar o, mejor dicho, escuchar a los viejos, a los más viejos. Oír de sus avatares personales, sus sueños y penurias, sus éxitos y frustraciones, sus ganas de seguir, sus miradas compasivas, su extremo esfuerzo para entender lo que los hijos y nietos les dicen casi a gritos.

Los viejos son una escuela viva, dinámica, plenos de enseñanzas y sabiduría. Son experiencias que saben reconocer sus errores, de haber sido padres severos, violentos y, muchas veces, equivocados. Lo admiten casi con vergüenza y animan a sus proles a no seguir ese camino. “Sean libres, sigan sus sueños”

Cada vez que hablo con él, por teléfono o cara a cara en sus predios de San Vicente de Cañete, se detiene el tiempo. Escucho y anoto en mi “disco duro” detalles y datos que nos son comunes, a la familia, a los amigos, al pueblo, a Lambrama. 

Don Zenón Gómez Chuima, mi querido tío, lambramino afincado en Cañete, desde hace más de seis décadas, es una enciclopedia viviente, soportado en su lento caminar por el respaldo de un inseparable bastón que debe estar extasiado de sus historias mil veces contadas. 

Cómo le gusta hablar y ser escuchado. Aunque muchas veces sobre las mismas historias, con la misma alegría y emoción. El eco de sus narraciones tiene añadidos novedosos cada vez que se anima a recontarlos, avivando nuestro interés por seguir conociendo el pasado, ese pasado ligado a nuestros antecesores.

Orgulloso de sus ancestros, Zenón se extasía cuando se refiere a los Gómez, los Incas de Lambrama, poseedores de una vasta riqueza material y territorial. “Casi la mitad del pueblo era de mis bisabuelos y abuelos, tus tatarabuelos”, afirma. 

De ahí el origen de las denominaciones de “Gomezpata”, Gomezmoqo”, “Gomezpampa” a grandes propiedades agrícolas que en la actualidad son terrenos comunales dispuestos para los tradicionales y lambraminos “laymes” de papa.

Por Zenón y sus narraciones conocemos que los abuelos maternos procedieron de Islay, Arequipa, a través de un soldado sobreviviente de la guerra del Pacífico, quien huyendo llegó por Anta, Cusco hasta Lambrama, en una peripecia que habría durado cuatro años. Una historia por contarse.

De sus contadas sabemos que Julián, el abuelo, era un hombre recio de baja estatura, golpeador y de fuerza hercúlea, capaz de levantar con el dedo meñique un odre con un quintal de cañazo. Era un caminante eterno, un arriero poseedor de una recua de treinta caballos y mulos con los que llegó a la costa, por Acarí y a la selva, por Madre de Dios. Otra historia por contarse.

Su testimonio extasiado nos hace saber que Higidia Chuima, la abuela, fue quizás la única lambramina que, en periodos alternados, cumplió con hacerse cargo de festividades tradicionales del pueblo como el Varayoc, Tabla Cruz, Corpus Cristi y otros. Hecho que enaltecía hasta las nubes el orgullo familiar, que era demostración de poderío y capacidad económica. Chuspas con monedas de nueve décimos se juntaban para financiar esas actividades populares. ¿A ver, quien sigue?

Con 91 abriles recién cumplidos, Zenón es un hombre orgulloso. Autodidacta, lector compulsivo, escribidor de testimonios inéditos como “El Caballero Caminante”, en los que recrea su propia existencia, su conversión en padre prematuro, sus conflictos con los hijos, su experiencia como sastre de estilos, su paso por la mina Toquepala donde subió rápidamente de aprendiz a jefe de cuadrilla, en mérito a su capacidad y responsabilidad. 

El afán de atender a su madre hasta las últimas horas lo convierte en un buen hijo, un hijo dedicado, heredero de una crianza disciplinada y severa que trasladó a sus hijos, algunos de los cuales lleva como tatuaje natural, esa huella del “amor paternal”.

Sus hijos, todos profesionales, valoran al viejo, no solo por la disciplina que los formó como buenos hijos, buenos padres y buenas madres, sino porque los mantiene unidos, cercanos y fraternos. 

Sus sobrinos y quienes lo conocemos desde siempre, rescatamos su anhelo de convocante en torno a su persona, recordando que muchos de nosotros, también pasamos las peripecias, severidad y rigidez de un Zenón agricultor que trataba por igual a obreros, hijos y sobrinos. Una línea personal a la que suma su sensibilidad humana y su carácter de manos abiertas que reconocemos como marca natural de “Los Gómez” y que inculcamos en nuestros hijos. Más años, más historias, querido viejo.

miércoles, 2 de abril de 2025

"Tío Pancho, propinachata"

“Tío Pancho, propinachata”
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Han pasado treintaiocho años desde su partida y como todo buen hombre, buen padre, buen ser humano, su legado se mantiene vigente entre los que lo han querido. No solo entre sus descendientes, hijos y nietos; sino familiares, amigos y paisanos que lo evocan como un ciudadano de respeto, respetado y querido.

El lambramino Francisco Tello Luna, el inolvidable Tío Pancho, regresa a la vivencia de sus íntimos en la imagen casi fotocopiada u hologramada de su menor hijo, Luis Alberto “Papino” que, si pusiera a la usanza diaria unos bigotes afinados y bien cuidados, sería el tío mismo redivivo. 
Su prole bien lograda en todos sus extremos como lo hubiera deseado Pancho suma cuatro hijos: Carmen Julia, Lucila, Maricela y Luis Alberto profesionales, ciudadanos de bien, que honran la memoria del progenitor lambramino. Siete nietos iluminan el aura dejada por el tío Pancho con su personalidad de querendón, bonachón y alegre. Sus descendientes se han concentrado en Abancay para rendir homenaje, como todos los años, a la memoria de Pancho. Alegres y orgullosos.

Mis recuerdos ligados con el tío Pancho me trasladan a la casa de Tomacucho, en Lambrama, por cuyos accesos lo veía de niño, cuando eventualmente visitaba a su señora madre, doña Casiana, vecina de la familia.
“Hola Lauli, hola Dorita”, saludaba con reverencia y voz musical engominada. En ocasiones mamá Dora –su prima- le ofrecía café con rejillas y la charla los soprendía entre chanzas y risas, ya a la hora de la merienda nocturna.

Con Laureano, mi señor padre eran muy amigos. De hecho, compartían actividades económicas muy ligadas. Pancho era propietario de un camión Ford identificado como “Papi”, palabra que iba grabada en el frontis de la caseta.

“Papi” formaba parte del elenco mecánico que Laureano utilizaba para trasladar vacunos hasta camales de Lurín y Yerbateros en Lima. En alguna ocasión vi al ganadero lambramino apresurado, cargando dos docenas de reses de 120 kilos a más, en el camión del tío Pancho y en el “Señor de Huanca” de su compadre, Luis Ugarte. Realmente eran escenas de película. Lazos y huaracas, cholos y maktillos arrancando a los toros de sus querencias para que lleguen a Lima y se conviertan en bifes y lomos. “Toro caraju..”
Genaro, que alguna vez acompañó a Laureano hasta Lima, recuerda que, en las alturas de Negro Mayo, por Puquio, en época de lluvias, la carretera fangosa tenía atrapados buses, camiones y autos en ambos sentidos. Apareció “Papi” resoplando con inusitada fuerza y arrojando con sus llantas traseras lodo y cascajo, y dejando boquiabiertos a conductores y pasajeros. Pancho en una de sus habilidades de camionero nato, tenía cadenas de metal con los que tejía las llantas y cual si fuera un esquí moderno, dejaba atrás barro, hielo y preocupaciones.
Para el retorno de Lima, llevaba carga para Cusco y como la mejor manera de evitar a los gavilanes de ruta, sellaba la puerta trasera con ramas espinosas de guarango, que espantada a los potenciales ladrones de carretera.

En la bodega de “Machu” Luis Tello, en el restaurante de Cirilo Ayala, en la tienda de la “Gringa” Trini, de la "Negra" Julia, o en la pensión Tiburcia; el tío Pancho acompañado de sus coetáneos Laureano, Adrián, César, Genaro, Washington, Melchor y otros, entre profesores y guardiaciviles, arrancaba suspiros y palmas al rasguñar huainos, carnavales y jarawis con un minúsculo Chillador de doce cuerdas. Un maestro el tío.

Lo imagino con sus trancos aligerados y una casaca negra de cuero, pasar por la puerta de la despensa de Tomacucho con sus bigotes bien cuidados que le daban un perfil especial. Lo saludo y me responde acariciando mi cabeza, “Hola Paincha” y le doy el vuelto con un pedido: “Tiochay, propinachata, calamerochapak”. Mis manos se regocijan con el brillo dorado del metal de veinte céntimos, que serán suficientes para comprar una mano de caramelos Perita y Monterrico y galletas animalito, que esperan donde la señora Rebeca.

lunes, 17 de marzo de 2025

Paseo por la Casa Museo Vargas Llosa

Paseo por la Casa Museo Vargas Llosa

Escribe, Efraín Gómez Pereira

Arequipa es una ciudad de grandes y bellos atractivos para el turismo. La primera cuadra de la avenida Parra, ofrece una singular oferta cultural que todo peruano está en la obligación de visitar y conocer: la Casa Museo Mario Vargas Llosa.

El propio Nobel de Literatura “nos recibe” con un mensaje motivador en holograma: “Bienvenidos a este museo virtual. En esta casa nací y aquí pasé mi primer año de vida junto a mi madre y mi familia materna. Y aquí está reunida, en una animada síntesis, toda mi trayectoria de escritor. Espero que esta visita sirva para que me conozcan mejor y nos hagamos amigos”.

Apenas ingresado al primer salón del segundo piso de la vivienda convertida en museo, destrabo mi equivocada idea de que me toparía con una colección acumulada de libros, colecciones y recuerdos del escritor.


La Casa Museo, es más, mucho más. Un trabajo de refacción de la vivienda realizado por el gobierno regional de Arequipa, con apoyo privado y del propio Vargas Llosa, permite recrear la vida del escritor en una visita guiada de dos horas, por más de quince ambientes perfectamente acondicionados y adecuados con cada etapa de la existencia de Mario, de sus obras y sus logros. Videos interactivos y la explicación de una guía hacen del recorrido un paseo recreativo y emotivo.

El cuarto del abuelo, donde nació el Nobel, nos adentra a la intimidad familiar del laureado y nos arrastra en un recorrido pausado, acompañado de la voz de Mario y la de un narrador en off, a los años iniciales de su pasión por la escritura, el periodismo, los desencantos familiares, el abandono de su padre, sus sueños y desvelos, sus amores, su tía, su prima.


Los manuscritos de sus obras, sus libros originales, fotografías, recortes de periódicos, objetos personales, diplomas, medallas y reconocimientos de una serie de entidades, organizaciones y países, destacan en cada paso de los diferentes ambientes. La mayoría de estos documentos y muestras son originales, lo que le da un peso especial de valoración.

Hay una recreación en video de diferentes aspectos de la vida del escritor. Su niñez, la escuela, Cochabamba, Piura, Barranco, Lima, Arequipa se presentan con aspectos personales poco conocidos. Su paso por el colegio militar Leoncio Prado y la universidad San Marcos, que dejaron marcas indelebles en su personalidad, se recrean con especial connotación. 

Sus apuros económicos en Europa, sus trabajos ocasionales para solventar a su familia, sus afanes polemistas con otros escritores de la época. Paris, Barcelona, son recogidas en fotografías y videos, permitiendo conocer al Vargas Llosa estudioso, dedicado y encumbrado.  

Su desencanto del comunismo y ruptura con Cuba, sus afanes políticos, sus relaciones personales y profesionales, sus amistades con personalidades de todo el mundo se presentan con naturalidad.


El paseo es gratificante y enriquecedor que nos permite conocer a nuestro mayor escritor en sus facetas de personaje público y con vida privada que no difiere de la del común de los mortales, de las mayorías, con fracasos y logros, con sueños y desencantos.

La visita se cierra con un extracto del discurso del Premio Nobel en holograma, precisamente agradeciendo la entrega del mayor galardón de la literatura, sobre un atril donde descansa una réplica de la medalla universal que recibió en el 2010, en Estocolmo, Suecia.

La Casa Museo Mario Vargas Llosa, ubicada a pocos minutos de la plaza de Armas de Arequipa está muy bien conservada y es administrada por el gobierno Regional. Es un lugar que merece no solo la valoración y el cariño de los extraños, de los foráneos o de quienes aman la lectura; sino de los propios arequipeños que deberían dinamizar su existencia visitándola, abrumándola con la presencia masiva niños y jóvenes, de estudiantes y, de esa manera, conocer a nuestro gran escritor de quien los peruanos nos sentimos orgullosos.