María, la Reina de los Carnavales
Escribe, Efraín Gómez Pereira
Voz melodiosa, pegajosa. Canta suavecito, suspirando, como queriendo aferrarse a algo que se le va de las manos, de la sonrisa. Conocida como Wifala del Perú o Reina de los Carnavales lleva en las venas, en el corazón el color del huayno apurimeño, la alegría del carnaval abanquino, el calor del cantar lambramino.
Empezó tarde, para el promedio de las artistas que empuñan el micrófono como herramienta de trabajo. Debutó a los casi 18 años, en una peña limeña concurrida por turistas, cuando los grandes teatros eran esquivos al huayno. La Peña Wifala, ubicada en el centro de Lima, fue el primer escenario que la encaró con el público, con los aplausos, las miradas, los coros y los pedidos de “otro… otro”. De eso hace casi medio siglo.
Vestida siempre con el lujoso traje abanquino de polleras coloridas, mantón brilloso, blusa de encajes, broche dorado, botín de cuero y sombrero Micaela. Debe tener una vasta colección de estas joyas que enaltecen la cultura abanquina, al carnaval más alegre del Perú.
Carismática, con una permanente sonrisa, María Ballón Sierra, natural de Lambrama, tierra de su inocultable orgullo, de sus raíces; siempre menciona sus orígenes, recordando las voces y guitarras de su abuelo César y de su padre Percy, a quienes veía de niña, en jaranas inolvidables que sacudían paredes y techos, eucaliptos y árboles frutales de la prodigiosa hacienda Huaycaqa.
Dinámica e incansable en promover el huayno y el carnaval, tiene una agenda llena de compromisos que la llevan a diferentes escenarios en todo el país, como festivales, aniversarios, serenatas, fiestas costumbristas, encuentros entre paisanos, en los que se luce con Puka Polleracha, carnaval que identifica a los abanquinos.
Además, tiene una secuencia permanente de promoción del huayno por redes sociales, “Aires de Abancay”, donde habla con gentes de todos lares, con autoridades que le piden encargos, con amistades que solicitan saludos de cumpleaños, con vecinos que reclaman sus canciones, sus carnavales. Hace lo que más le gusta, lo que le apasiona.
Por su trabajo incansable de varias décadas, su dedicación y esmero en poner en relieve el canto andino, nuestro huayno, María ha sido reconocida en su tierra como en otras latitudes con diferentes merecimientos que ponen en alto su valía como representante y embajadora viva de las artes apurimeñas.
Siente orgullo de haber compartido escenario con el legendario grupo Los Chankas de Apurímac, en el teatro Municipal de Lima, del que tiene gratos recuerdos que los refleja en sus charlas y encuentros con seguidores y público que comparte su día a día.
Afirma que el mejor premio que ha merecido en su trajinar por aquí y allá, es el aplauso del público que corea sus canciones, que se alegra con sus presentaciones, con su entrega.
Recuerdo a María niña, en la escuela de Lambrama, jugueteando con sus pares en las escalinatas de la plaza de Armas, en los juegos infantiles, en los baldíos de Surupata y Cuncahuacho, donde hacía gala de su afición natural que la convirtió en una gran exponente del cantar andino, en la Reina de los Carnavales.