jueves, 2 de marzo de 2023
Gabino y el Escudo de Abancay
domingo, 26 de febrero de 2023
Gaviota de Plata para “Puka polleracha”
Gaviota de Plata para “Puka polleracha”
Escribe, Efraín Gómez Pereira
Warmisitay ataviada con su Puka polleracha, hizo delirar a todos los peruanos, en reciente festival de música más importante de Latinoamérica: Viña del Mar. La pollera roja abanquina grácil, voladora, ensoñadora, enamoradora, carnavalera ha brillado desde Chile para el mundo.
Milena Warthon, nuestra pequeña de 1.53 m de estatura, pero de talla universal, con sangre apurimeña, abanquina, grauina, la ha expuesto en una versión estilizada pero que encaja con nuestra pollera típica, que en estas semanas se luce en el carnaval más alegre del Perú.
Con Warmisitay y su pollera roja abanquina, seguramente la popularidad - que ya es masiva - de la cantautora ganadora de la Gaviota de Plata, crecerá provocando, además de la natural admiración de más seguidores, el encono de otros que respiran envidia, resentimiento, incomprensión que, lamentablemente, domina a muchos nacionales confundidos.
A sus 22 años de edad, ha logrado lo que muchos artistas no lo hacen en toda una carrera. Imagen, carisma, dedicación, profesionalismo, atrevimiento, personalidad dinámica la han catapultado a la cima de manera acelerada, inesperada.
En lenguaje comunicacional moderno, el que usa en su diario devenir, Milena es tendencia, se ha hecho viral, frases comunes con las que se relaciona al accionar en redes sociales. Millones de seguidores en TikTok, Facebook, YouTube, Spotify, Instagram, son la evidencia de este fenómeno. Fenómeno del que es responsable la familia entera. Todos involucrados han logrado imponer la marca “Milena Warthon”, y eso es grandioso.
Como apurimeño, como abanquino, que nunca ocultamos ese orgullo de ser piki, aquí o allá, no podemos dejar de valorar el enorme peso que le ha puesto a nuestra cultura andina, a partir de esa relación de amor filial, entre nieta y abuela, haciendo hablar en frases musicales a la pollera abanquina, en ese homenaje a las warmis del Perú, a las de ayer, de hoy y de mañana.
Siempre por las redes sociales con miles de seguidores, ha continuado publicando sus sueños: “Teresita mira hasta dónde hemos llegado. Desde Apurímac hasta Chile. Teresita nació en Chuquibambilla, Apurímac en el año 1941. Es maestra y madre de seis hijos. Amante de las plantas y la mujer más dulce que conozco. Ella es mi abuelita”. Teresa, la abuela es la imagen que personaliza Warmisitay.
Milena ha contado su historia, que es la historia de muchas mujeres peruanas. Lo cumplió y saludamos ese logro, con orgullo apurimeño, recorriendo las letras de las warmisitas y las pollerachas, que son las joyas que nos ha regalado la Nena del Sur.
Warmisitay: “Esa pollerita roja mira como la menea/ Al ritmo del carnaval se mueve, mueve las caderas/ Esa pollerita te queda tan bonita/ Warmisitay dime a quien vas a enamorar. Date una vuelta, mueve caderas, baila hasta abajo, manos al cielo, ojos caramelo, baila saltando…”Puka Polleracha: “Yau, yau, Puka polleracha, Imatan ruranki sarai ukupi/ Mamaikimanmi willaykamusaq/ Saray ukupi ruwaskaikita” (Oye, oye, pollerita roja/ Qué haces en mi maizal/ Voy a avisar a tu madre, lo que estás haciendo en mi maizal)
Que tu pollerita roja siga brillando y bailando, y que tu capacidad creadora y valoradora de lo nuestro no decaiga, no se detenga, Milena. Hay mucho que decir y hacer por nuestros pueblos, por nuestras warmisitas y por nuestros qharisitos; por nuestras pollerachas y por nuestros ponchitos. Sin odios, sin enojos; sino con música, con alegría, con la alegría de nuestro carnaval abanquino.
martes, 21 de febrero de 2023
El chuño en un desayuno lambramino
El chuño en un desayuno lambramino
Escribe, Efraín
Gómez Pereira
Un desayuno con “chuño fasi relleno con queso” es una delicia que me traslada a la acogedora cocina de la casa de Tomacucho, en Lambrama de mi infancia. No era de todos los días, sino de ocasiones especiales.
La cocina se afana desde el wallpawaccay o canto del gallo, cuando la energía de Plantawasi inunda de luz artificial calles y viviendas del pueblo, cuyos pobladores saludan las reverberaciones del sol en las laderas brillosas de Apu Chipito, para el inicio de las jornadas diarias. Un pueblo voluntarioso y madrugador.
Desde el río, Julia arrastra un balde con un buen lote del deshidratado que se convertirá en un apetitoso desayuno lambramino. Ya sobre el batán, que ocupa un lugar privilegiado en la gran cocina, el chuño es manipulado con envidiable destreza. Uno a uno pasan de una mano a otra escurriendo el agua que aun retiene. La suisuna juega un papel importante.
Secos y limpios, son cortados en rodajas sin que se abran todas, donde mamá Dora introduce un pedazo de queso seco. Luego, en acto casi ceremonial, pone y superpone los chuños con queso sobre la cama de pancas y paja, los acomoda con suavidad, para que no se dañen, y rocía unas ramas de anís silvestre, que despide un aroma increíble.
La obra de arte es cubierta por la suisuna, sin dejar espacio que filtre aire o agua, y la olla se enfrenta al calor del fogón alimentado por leños secos de unca, tasta y eucalipto, que expelen aromas únicos. Un fuego lento que no queme directamente. El chuño al vapor con relleno de queso en camino.
Mientras se aguarda unos 20 minutos, los platos y tazas de fierro enlozado, el jarrón con café pasado esa misma mañana, el pan común de la panadería Milla, el pocillo con cancha de chulpi, se alistan sobre la gran mesa de madera, donde ávidos estómagos de los hermanos Gómez esperan ansiosos. Un clásico desayuno lambramino.
Apetitosa porción de chuño banco o moraya relleno de queso. (Imagen del Facebook de Percy Flores Escalante)El festín es una fiesta sabrosa. Todos han probado chuño con queso. No ha quedado nada en la mesa, ni en la olla. Los menores se levantan, agradecen y se preparan para ir a la escuela. Laureano y Dora, repiten su café cargadito y lo saborean ya en soledad y calma, sin el bullerío de los pikis. Él programando un viaje de negocios por varios días; ella, preocupada porque no falte nada en casa y ordenando los quehaceres de chacras y peones.
¿Y, cómo llegó el chuño hasta la mesa de Tomacucho? Muy niño observé en las pampas de Qelqata, a más de 4000 msnm, cómo las manos y pies callosos de don Jesús Pumapillo –el vaquero de la familia, natural de Marjuni- apoyado por sus hijos y los lambraminos Ángelo, Apolinario y Vidal, más la paciencia y experiencia de Saturnina, Laureana y Julia, cumplían con un ceremonial que data de tiempos remotos: Convertir la papa en chuño.
Durante la cosecha de papa en los tradicionales laimes de Yucubamba, Pukpuka, Kaukara, Llakisway, y otras, se hace una rigurosa selección del tubérculo. Hombres y mujeres con sapiencia en estos menesteres, separan cuidadosamente las papas grandes, medianas y chicas, así como las que no califican en ninguno de esos rangos.
Las grandes y medianas, sanas y bien conservadas, pasan a los cahuitos –tarimas de madera con base de ramas de muña y chachacomo, para alejar insectos o roedores-, desde donde serán utilizados en los siguientes meses, para el alimento diario de la familia. Las papas medianas y chicas, se usarán como semilla que así garantiza la existencia de la variedad, muchas de ellas únicas en su especie. Pueblo conservacionista, por costumbre y tradición.
Las papas de descarte se destinan para hacer chuño. A estas se agregan las wañapapas, especies amargas resistentes a heladas, plagas y enfermedades, y son las más indicadas para su transformación en chuño lambramino. Laureano agregaba papas seleccionadas para sus morayas familiares, para sus desayunos lambraminos.
Papa seleccionada para el procesamiento de chuño en la comunidad campesina de Marjuni. (Imagen captura del Facebook de Bertha Huallpa Serrano)En los meses de helada, junio a agosto, se prepara el chuño en las alturas de Lambrama. La papa es extendida en las pampas de la puna, sobre camas de ichu y sobre la misma grama de los campos, que deben estar muy cerca de riachuelos o abastecimiento de agua corriente. La temperatura llega hasta -10 grados en las noches, ideal para el procesamiento del chuño.
La pisa de la papa hace que esta expulse el líquido en el proceso de deshidratación. El siguiente paso consiste en ensacar las papas descascaradas y pisadas, en costales tejidos de lana de oveja y enterrarlas en la corriente del riachuelo, encamadas en ichu y aplastadas por rocas pequeñas, para que el flujo constante del agua limpie el fuerte olor, en 20 a 30 días.
El Chuñusaruy o pisa de chuño, es una fiesta comunal en Marjuni. (Imagen captura del Facebook de Bertha Huallpa Serrano)Después de ese periodo, los sacos son devueltos al frío de la noche y las papas tendidas para someterse a un nuevo pisado, que eliminará rastros de cáscara y agua. Las papas peladas son expuestas al sol durante otros 20 días, hasta que sequen totalmente. De aquí surge la moraya o chuño blanco, el personaje del desayuno lambramino.
Las papas sin cáscara, negras y arrugaditas, se convertirán en chuño, ideal para sopas o lawas, llenas de energía y nutrientes que los lambraminos conocen. Su transformación es más acelerada pues no requiere el remojo en el agua, sino tras lavarse de manera repetitiva se enjuaga y se seca al sol, ahí mismo, donde se realiza el pisado.
El chuño o moraya, es un natural componente de la dieta lambramina, andina y altiplánica. Es parte importante de la idiosincrasia de los campesinos que la usan desde tiempos remotos como base de su alimentación diaria. Sus componentes aseguran además de nutrición y energía, valores medicinales contra la gastritis y úlceras y otras muchas ventajas y beneficios. A comer chuño, se ha dicho.
domingo, 12 de febrero de 2023
Nilo, el cine de mil recuerdos
Nilo,
el cine de mil recuerdos
Escribe, Efraín
Gómez Pereira
“Turco ratero, devuélveme mi plata” … Que levante la mano quien no coreó este estribillo de manera reiterada, bullanguera y acalorada cuando era un adolescente, piki o joro abanquino. O, mejor, que comparta alguna anécdota juvenil relacionada con este grito del recuerdo que nos lleva a la céntrica calle Arequipa de los años 60 a los 90, en nuestra añorada Abancay.
El grito lanzado en coro musical desafinado, hermanaba a pobres y ricos; grandes y chicos ubicados en las butacas de la exclusiva y discriminadora platea; o en las multibancas de la democrática y popular galería del cine teatro Nilo, el primer escenario cultural de la ciudad, lugar de concentración de abanquinos de todas las condiciones.
La causa para este reclamo bullicioso era que la película que se proyectaba sobre un enorme ecran, se había detenido por alguna falla técnica. La protesta se calmaba solo cuando la cinta volvía a correr y las voces e imágenes –a colores o en blanco y negro- dominaban nuevamente el recinto.
El turco, hombre espigado de tez blanca, muy blanca, algunas veces subía hasta la galería con una vara de madera y una linterna y apuntaba a todos lados, generando un silencio sepulcral. Apenas abandonaba el espacio, la batahola regresaba con más furor.
No recuerdo cuántas veces habré gritado desde la galería o “gallinero”, una andenería de madera sobre madera, hasta donde se ingresaba por una puerta lateral del edificio de dos pisos, subiendo una escalera estrecha, tras entregar el boleto a un encargado, que generalmente era un muchachón negociable. A veces merodeaba “el mudo”, un fortachón de cabello lacio y grasoso que se arrogaba ser el brazo derecho del dueño.
La platea era un espacio más bien conservador, con butacas personales de a seis, en tres filas, que ocupaban todo el primer piso. El acceso era llamativo, con cortinas y mamparas y piso alfombrado, al menos en el hall de ingreso. La tarifa costaba casi el doble de la galería. La pausa –cinco minutos de intermedio- anunciaba la prohibición de fumar en la sala e invitaba al hall para hacerlo.
Pagando, de gorrero o negociando unos centavos con el controlador, tuve ocasión de ver muchas películas de pistoleras, mexicanas, musicales, guerreras, terroríficas, bíblicas, hindúes, “kunfuyadas”, o hasta de “mayores de 21”. Mis vecinos, los hermanos Aedo, mozalbetes como uno, nos franqueaban el libre acceso, la mayoría de veces.
Nicolás Abuhadba Hani, fundador de cine Nilo. Foto archivo de Luis Aguilar SerranoEl cine Nilo era el lugar donde la muchachada abanquina daba rienda suelta a sus expectativas de fin de semana. De lunes a viernes, había funciones de vermut y noche, casi imposible para los escolares. Sábado y domingo, se agregaba matiné, ideal para los joros. Había que juntar sencillos de las propinas si tenías la dicha de que papá o un tío querendón te estire la mano. Los fines de semana también se presentaban programas musicales en vivo, con artistas nacionales de renombre.
Tras gozar casi extasiado la matiné del domingo, teníamos tema de conversación durante la semana. Dependiendo qué peli se había visto, nos convertíamos en el “jovincha” de las coboyadas o el espadachín de las otras, en las que el héroe nunca moría, ni siquiera resultada herido con un rasguño, tras crueles luchas.
Muchas generaciones de abanquinos, hombres y mujeres, deben tener en memoria, recuerdos gratos vinculados con el cine Nilo. Hoy, al ver su fachada, o fotografías de antaño que circulan en las redes sociales, mostrando la crueldad del abandono al que se ha expuesto, no queda más que pedir perdón a tanta falta de humanidad y rogar que pase algo trascendente para cambiar su rostro.
Ese cine de mil historias ha caído en abandono, víctima de la modernización. Tras la muerte de su fundador en 1990, el inmigrante palestino Nicolás Abuhadba Hani, que había llegado con su señora Natividad Sanzur Apuchare, a inicios del siglo XX; las funciones se limitaron a lo básico y la masificación de la televisión alejó al público de esa plaza cultural de diversión. Hoy es un edificio antiguo, declarado Patrimonio Cultural de la Nación y sus áreas céntricas han sido destinadas a comercios de diferente línea.
Este año se cumple 97 años de la inauguración del cine teatro Nilo de Abancay, y la historia parece haberse estancado, pues desde hace 20 años, que es joya cultural, nadie hace nada por su recuperación. El gobierno regional o la municipalidad provincial deberían asumir ese rol y tras una legal expropiación, hacer los arreglos necesarios y proyectarlo como un lugar de encuentro cultural que tanta falta le hace a nuestra ciudad capital de región.
Ese sería un gran reconocimiento y homenaje al turco más abanquino de los abanquinos, don Nicolás Abuhadba Hani, un gran innovador de sus tiempos, que seguramente, con un eterno cigarrillo en los labios, sonreirá mirando desde la eternidad donde se encuentra, la fachada de piedra de granito labrado que lleva todavía su sello personal: NJA 1926.










