domingo, 17 de abril de 2022

Zenón y Antero, lambraminos en Cañete

Zenón y Antero, lambraminos en Cañete
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Convocados para la celebración de los 88 años del lambramino, Zenón Constantino Gómez Chuima, recalamos en numerosa y festiva caravana familiar, en sus predios de Puente Clarita, en San Vicente de Cañete.

Ocasión muy especial para sentir la conjunción de emociones y afecto filial entre hermanos, hijos, primos, sobrinos, nietos; muchos de los cuales se conocían por primera vez.

El abrazo afectuoso, emotivo y muy sentido entre los veteranos hermanos Zenón y Antero Gómez Chuima, últimos estandartes de la importante casta Gómez Chuima, de Lambrama, fue sentido con la misma emoción por sus hijos, nietos y sobrinos, matizados por nostálgicos huainos, pegajosas cumbias y acaramelados valses y boleros, que no cesaban de sonar desde un moderno equipo digital.

Hermanos Antero y Zenón Gómez Chuima, haciendo patria en Cañete. 

Zenón y Antero, hermanos de los ya desaparecidos Gregorio, Laureano y Andrés, son cañetanos de sangre lambramina, afincados en ese hermoso valle limeño desde hace varias décadas.

Ahí, en ese pedazo de tierra calurosa, fértil y generosa, regada con aguas permanentes de un río camaronero; que les brindó cosechas variadas de frutales, tubérculos y otros cultivos, así como ejemplares de ganadería lechera y de carne, Zenón y Antero, han forjado sus propias familias. Dos troncos enraizados en forma paralela.  
Hermanos Rafael y Efraín Gómez Pereira, con los tíos Antero y Zenón. 

Sus hijos y nietos, comparten los mismos aires, los mismos vientos, las mismas alegrías y esperanzas de una vida rural, muy cercana a la gran ciudad. La mayoría de ellos son vecinos como lo fueron sus padres en Lambrama de antaño.

Con el respaldo de quienes ya pintan canas y lucen sus orgullosas arrugas de la experiencia, y con la responsabilidad propia de las nuevas generaciones, estos vecinos de Puente Clarita, van horneando un modelo de vida acorde a las actuales demandas. 

Las casitas de quincha, barro y estera –sin luz ni agua potable- que los cobijaron en sus inicios de sacrificio familiar, han dado paso a construcciones modernas y confortables donde los “viejos” pueden andar a sus anchas, y, los jóvenes, hacerlos con la cotidianeidad de los fines de semana.

Las proles de Zenón y Flor; y de Antero y Rosa, son hombres y mujeres de bien. Profesionales calificados, empresarios cuajados, hijos responsables y padres como sus padres. Cosecha de las buenas.  
Los 88 años de Zenón, celebrados en calor familiar, en Cañete. 

Compartir con ellos, con sus hijos, fue gratificante. Escuchar discursos y propuestas cuajadas en base al conocimiento, madurez y experiencia –a pesar de la juventud de muchos de ellos-, nos hizo ver que hay un futuro asegurado en la familia.

Conocer sobrinos nuevos a quienes prodigar afecto filial, es un compromiso que asumimos de manera taxativa, con el reto de hacer de ese pedazo de Lambrama en Cañete, lugar de convocatorias próximas, para brindar por la alegría, por la familia, por el afecto y cariño de mis queridos tíos Zenón y Antero, por la vida.

lunes, 21 de marzo de 2022

La casa vieja se cae, hermano

La casa vieja se cae, hermano…
Escribe, Efraín Gómez Pereira

En reciente visita a Lambrama, con mis hermanos Genaro y Dino, me ganaron las lágrimas por la nostalgia y dolor al ver el techo de la casa de Tomacucho caído y sin visos de acogerse a una innecesaria reparación. Las lluvias de temporada, que se precipitan a raudales, han horadado sin piedad paredes y techos de la añeja vivienda de la familia Gómez.

Sentirse impotente ante una realidad que no podemos afrontarla, porque estamos lejos y hemos abandonado la casa de nuestra niñez, es un pecado imperdonable. Es una dolorosa realidad que nos caracteriza como humanos. 
Marzo 2022, dolorosa imagen de la casa de Tomacucho. Las lluvias y abandono. 

Solo nos queda recordarla como parte importante de la vida, parte de la férrea raíz que permitió desarrollar el tronco del árbol de los hermanos Gómez Pereira y Gómez Gamboa, en dos generaciones, que comulgan el respeto y el amor a la tierra de nuestros ancestros.

Es cruel admitir que una casa abandonada es como un ser vivo que sin sentir afecto ni calor, se deteriora lenta e irreversiblemente. Las viejas paredes de metro y medio de ancho de adobe, barro y piedra, levantadas en el barrio de Tomacucho, que soportaron estoicamente techos de tejas de arcilla añejas como la vida misma, permanecen aún de pie, con la seguridad que por fuerza de la naturaleza o decisión humana, también sucumbirán en cualquier momento. Así es la vida, como dirían los poetas.

Entre la emoción y la nostalgia, me permito rememorar la calidez acogedora de la cocina, ubicada en la parte superior del inmueble, a la que se ingresaba pisando una inmensa roca lisa empotrada en el piso de tierra. Pegada a ella, el cuarto de Antuco.

Cuántas historias familiares. Cuántas anécdotas, buenas y malas, como la vida misma, se habrán tejido dentro de sus paredes. Cuántas lágrimas de pena y alegría, matizadas con chicha de jora y cañazo compuesto, entre huainos y jarawis después de las chacrakuskas, habrán moldeado el piso de tierra de esa cocina, siempre abrigadora, siempre viva.
La casa de Tomacucho, en imagen de enero 2021. El paso de los años es irreversible. 

Un fogón hechizo que daba cabida a más de un par de ollas enormes que sancochaban motes, lawas, estofados. La tullpa de piedra y adobes alimentadas por leños de unca, generaban fuego, carbón y calor capaces de dorar un breve tiempo kankachos, chicharrones, cuyes rellenos incrustados en listones finos de murmuskuy.

El marán o batán de piedra de río tallada artesanalmente y plantada a unos pasos de la puerta, donde se molían café, maíz, chochoca, ajíes. El lamparín colgado sobre la cocina, guareciendo quesos maduros y ahumados, charkis. Los rincones abarrotados de leña, peroles, ollas gigantes de barro para madurar chicha; los makas y puiños, que esperaban su momento para brindar atención a Dora y Victoria.

La mesa de diario grande y arrinconada por una banca enorme de madera, la ventanita con malla que custodiaba apetitosas gelatinas de pata; los cuyes que en andanada variopinta ponían música celestial, son parte de esa escenificación natural, alumbrada por la tenue luz de un foco amarillento. Esa era la cocina.

Pegadita a ella, con la puerta de ingreso al medio de la casa, estaba la despensa, un cuarto grande que servía para guardar papa, ollucos, oca, en cahuitos armados de unca y tasta, encamados con ramas y hierbas secas de muña de altura y chachacomo, que impedían la proliferación de gusanos y roedores.

Frente a ellos, otro cahuito donde estaban colgados en fila ordenada, monturas, caronas, pellones, costales, lazos, reatas, picos y palas, allachus y hachas, para el uso productivo de don Laureano. En un rincón, la escalera enorme de eucalipto seco amarrado con kewes de cuero de vaca, daba acceso a la marka, donde había maíz, trigo y cebada en cantidades industriales, dispuestos para el uso diario, para la preparación de alimentos y cocavíes de los constantes viajeros.

Esa casa, hoy encorvada lastimosamente, al igual que la casa de los Altos, tiene una presencia gravitante en la vida de los hermanos Gómez de Tomacucho. La recordaremos, como se rememora a un ser amado, con nostalgia y pena, pero también con orgullo por haber sentido su protección de las lluvias y del calor, por habernos acompañado en la idiosincrasia de un pueblo ameno, tranquilo; donde primaban el respeto, la reciprocidad y la sinceridad.

jueves, 17 de marzo de 2022

Adiós, Pepe "Chino" Valle

Adiós, Pepe “Chino” Valle
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Qué difícil se hace articular ideas para redactar una nota de homenaje a un hermano de reciente, dolida y sorpresiva partida. Pedro José Valle Robles, quien nos dejó conmovidos en una mañana de jueves, en Lima, partió al viaje sin retorno.

Paco Sotelo, amigo común, pero más cercano a Pepe, el “Chino” Valle, me dio la infausta noticia que alteró cualquier plan programado para el día. Un lacónico y seguramente doloroso mensaje para Paco decía: “Efraco, murió el Chino Valle”. Mi respuesta fue una interjección de asombro, de dolor y pena.
Juan Juro, Rubén Quinte, José Saavedra, Waldo Ramírez, Efraín Gómez, con José Pepe Valle, en Abancay 2016.

Recordé que horas antes, la noche del miércoles, revisaba en mis archivos, las listas de los amigos de la Promoción 75, del colegio Miguel Grau de Abancay, para empezar a motivarlos de cara a las fiestas miguelgrauinas de octubre. Obviamente el “Chino” Valle estaba convocado. 

“Mira cómo son las cosas, Paco. Hoy nos toca despedirlo y recordarlo como un gran amigo, compañero, profesional, poeta, músico, fotógrafo, apasionado por las flores, pero sobre todo, un gran ser que extrañaremos”, atiné a escribir a través de las redes sociales, que dicho sea de paso, se cargaron de saludos y mensajes de pesar a los amigos y familia.

El más conmovedor y quizás el que resume el aprecio que se ganó José Pepe Valle, en sus fructíferos y amistosos años, fue el de Francisco Sotelo Valer “Paco”, que reproducimos, con autorización del amigo en común.
Gran pesar en la familia abanquina y miguelgrauina, deja la partida de Pepe Valle

Pedro José Valle Robles: “Hoy al despertar y luego de dar gracias a Dios, he recibido una terrible y lamentable noticia, el viaje sin retorno, aunque como creyente, sabemos que partiste al encuentro del Señor nuestro Dios, quien de seguro te tiene reservado un lugar en su reino.

Chinito, nos conocimos hace muchos años, en nuestra querida Gran Unidad Escolar Miguel Grau de Abancay, donde compartimos entre alegrías y momentos bonitos, nuestra época escolar. En ese trance nos enteramos que nuestros papás también se conocían y eran muy amigos. 

Durante esa etapa escolar compartíamos no solo las enseñanzas de nuestros profesores a través de sus academias, sino el gusto por la música en inglés, que con sus dedos delgados y ágiles en su guitarra, nos ofrecía Fernando Mendoza Valencia, quien también partió a la casa del señor hace algunos años.

Recuerdo, y hoy con dolida nostalgia, que en ese ambiente de inolvidables años juveniles, nos juntábamos con otros muchachos más, para disfrutar de los Beatles, Rolling Stones, Bachman Turner Overdrive, Bread, Emerson Lake & Palmer.

Tengo en la mirada fresca, que te gustaba tomar fotografías. Eras el único que tenía una cámara Kodak. Hacías poesía y te apasionaban las flores. Te conocíamos como un ser muy sensible y querendón, a quien todos tus amigos queríamos y respetábamos.
 
Tuviste amor por tu tierra Sañayca y Chalhuanca. En esa linda ciudad pequeña, conocí mejor a tus papás quienes me brindaron mucho cariño. Fuiste un tipo rebelde, con ideas claras y compañero aprista, como lo fue tu papá. Tengo tantos recuerdos de ti, hermano -que es así como nos tratamos-, venciste tantas adversidades, pero dejas en nuestra memoria el cariño de un mejor amigo. 

Vuela alto halcón. Que Dios te reciba porque fuiste un hombre bueno y así te recordaremos los hermanos de la promoción 1975 de la Gran Unidad Escolar Migue Grau de Abancay”. Gracias, Paco por esta sublime semblanza que nos permite despedir con aliento a nuestro querido “Chino”.

Agrego con la licencia del amigo que está en pleno viaje, algunas de sus frases y creaciones poéticas que conmueven por su realismo y grafican a Pepe Valle, “Chino” o “Halcón”, como un ser humano muy sensible y franco.

"Yo tengo al alma de niño y la sabiduría de la naturaleza, la ternura del amor". “Mi amor es mi ser y nunca dejaré de ser lo que soy”. “Un pueblo educado, se enferma menos que un pueblo ignorante. Dale más educación al pueblo y se necesitarán menos hospitales”.

“El amar no es el beso o la caricia que se va o se perdió un día de un amanecer cualquiera con su dueña a cuestas. El amar es ese ser humano que se quedó en la memoria”. “Si guardas mis poemas en tu memoria entonces no morirá el poeta, si guardas mi amor en tu alma entonces no morirá el amor. Que yo seguiré poeta en la eternidad y mi amor eterno”.

“Esclavos son aquellos que andan sobre las huellas de otros y no hacen sus propias huellas”. “Crear amor no cuesta nada, dar amor no cuesta nada, sin embargo es la mayor riqueza del ser humano”. “La única persona que merece tu confianza eres tú mismo, nadie más”.

Descansa en paz querido Pepe “Chino” Valle. Quedamos seguros en que la Gloria del Señor estará contigo. Nos dejas conmovidos.

miércoles, 9 de marzo de 2022

Mis libros en el Colegio de Periodistas

Mis libros en el Colegio de Periodistas
Efraín Gómez Pereira

La biblioteca del Colegio de Periodistas sumó a sus anaqueles, ejemplares de mis libros “Mavia, mi bálsamo”, y “Lambrama, miradas de nostalgia”, entregados al decano nacional, Ricardo Burgos y al decano de Lima, Luis Tipacti.
La donación se realizó en el local institucional de la avenida de Canevaro, en Lince, cuya prestancia recuperada y atractiva, con ambientes acogedores y bien conservados, me sorprendió gratamente.
Con los colegas Ricardo Burgos, decano nacional y Luis Tipacti, decano regional de Lima.

El decano del Colegio de Periodistas del Perú, Ricardo Burgos, al recibir los libros, destacó el interés y dedicación que colegas de diferentes condiciones, le ponen a la edición y publicación de libros, a través de los cuales se transmiten experiencias, enseñanzas y retos para las nuevas generaciones de periodistas y comunicadores.
Lambrama y Mavia, mis libros, en la biblioteca del Colegio de Periodistas.

Luis Tipacti, decano Regional de Lima, por su parte, agradeció el aporte e invocó a los miembros de la Orden a participar en las diferentes actividades académicas y de capacitación que organizan de manera permanente.
Mi agradecimiento a Ricardo y Luis, viejos amigos y colegas de respetable y reconocida trayectoria, quienes al recibir la donación tuvieron palabras de elogio que valoro.
“Mavia, mi bálsamo”, es un libro testimonial sobre la experiencia vivida en los tres últimos años de vida de mi esposa, que falleció de cáncer. Se trata de un texto que describe las intimidades de mi familia que debe afrontar el padecimiento de Mavia, en horas decisivas de lucha, esperanza y aprendizaje.
“Lambrama, miradas de nostalgia” el otro libro intenta, a través de crónicas publicadas en el diario Pregón, de Abancay rescatar, valorar y proyectar costumbres y tradiciones de del distrito de Lambrama, en Abancay. 
Los libros editados por Artífice Comunicadores, se encuentran a disposición en las principales librerías de la capital: Crisol, Virrey, San Cristóbal, Entre Páginas, Buscalibre, Artífice Comunicadores y en el WhatsApp 998707527. Y en Abancay, a través de Dino Pereyra, teléfono 983702108 y Genaro Gómez, teléfono 948977595.

jueves, 3 de marzo de 2022

"Presencialidad" en Lima y Lambrama

“Presencialidad” en Lima y Lambrama
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Después de dos años de dificultades, dolor, traumas, ausencias y convivencia trastocada, millones de escolares regresan a la “normalidad” de las clases presenciales, lo que supone que miles de hogares peruanos también retornan a su “normalidad”. 

Los colegios deben adecuar sus capacidades de infraestructura física y personal, a los tipos de servicios educativos dispuestos: Presencial, semipresencial o a distancia, cada uno con sus características, en las que prevalecen los protocolos, aforos, procesos de aprendizaje que se complementan y los rigores exigidos por el Ministerio de Salud.

En Lima, durante la primera semana de marzo, hemos experimentado los ajetreos del primer día de clases en etapa de recuperar la normalidad. El reencuentro de los hijos, sin abrazos, apapachos ni algarabías, manteniendo distancias físicas, al verse después de muchos meses –como sería normal- ya es una situación no normal. Preocupación por el tema de salud mental que deberá ser parte importante del currículo escolar.
Colegio Innova Schools, en Chorrillos, Lima

A los usos habituales del plan académico, como son los útiles escolares, la lonchera, la movilidad; se suman de manera inevitable, medidas orientadas a preservar la salud, evitar contagios, acatar protocolos, llevar mascarillas y alcohol de uso diario, mantener distanciamiento en patios y aulas del colegio, exhibir el carnet de vacunación, llenar la ficha sintomatológica, etc.

Es una nueva normalidad a la que también los padres en el hogar deberemos adecuarnos de manera paulatina. De haber estado en modo 24/7 por dos años, encerrados en el domicilio, solo con algunas licencias necesarias, de las que los menores han estado casi exentos, pasamos a una etapa de ausencias prolongadas de los hijos, en ambiente de preocupación natural. ¿Estará bien? ¿Si se contagia? Nos toca mantener espíritu de razonable expectativa para que la normalidad regrese de manera paulatina.

En Lambrama, área rural

Lambrama, que tiene como otros distritos rurales, alumnos procedentes de comunidades alejadas, afronta un cuadro más preocupante, donde los protocolos oficiales casi colisionan con su realidad. La idiosincrasia del campo hace de los niños y jóvenes en edad escolar, partícipes directos de las actividades económicas y productivas de su comunidad, como las cosechas que coinciden con los meses iniciales del año lectivo.

Escuela Virgen de Fátima, en Lambrama

Así, además de seguir con el curso de la normalidad escolar, deberán doblegar sus responsabilidades a la nueva realidad que involucra a las actividades comunales y la asistencia a las aulas, en ambos casos acatando los protocolos necesarios y obligatorios.

Corresponde a las autoridades educativas y comunales, actuar de manera responsable y coordinada, para hacer viable que este retorno a la presencialidad se desarrolle sin contratiempos, permitiendo a los estudiantes lograr el máximo beneficio de la educación aún en tiempos de emergencia.
Escolar lambramino, en su domicilio. 

Para ello es imprescindible garantizar matrículas, docentes, infraestructura educativa, conectividad segura, pues la presencialidad será escalonada y las clases escolares se desarrollarán, desde el 14 de marzo, de manera semipresencial; es decir, unos días presenciales y otros a distancia.
En el colegio secundario “Guillermo Viladegut Ferrufino”, hay matriculados 139 alumnos, seis menos que el 2021, cuenta con la plana docente completa y la infraestructura educativa con algunas limitaciones, como la biblioteca, la baja conectividad y la distancia de los alumnos que viven en comunidades alejadas.

El municipio distrital ha facilitado un vehículo que permitirá movilizar a los escolares de las comunidades bajas de la quebrada y tiene el compromiso de mejorar el sistema de tecnología que asegure una conectividad adecuada. El director del colegio Alipio Chipana, mantiene la expectativa que a fin de año, la presencialidad llegue al 100 por ciento.
Colegio Guillermo Viladegut Ferrufino, Lambrama. 

En la escuela primaria, el director de la IE “Virgen de Fátima”, Juan Luis Salazar, confirma la matrícula de 68 menores, cuatro menos que el año pasado, con plana docente completa. Advierte, sin embargo, que dada la antigüedad de la estructura física del local escolar, hay necesidad de realizar reparaciones y mantenimiento urgentes, en los que el municipio distrital tiene la palabra.

Desde Lima, desde la Asociación de Residentes, abogamos porque el año lectivo se desarrolle de manera satisfactoria, para que los estudiantes lambraminos aprovechen las ventajas de la educación y los servicios que el estado comparte en situación de dificultad para todos. Este año proseguiremos con la campaña para dotar de libros y textos escolares a la biblioteca del colegio de Lambrama.

lunes, 7 de febrero de 2022

Adiós, Patita, entrañable lambramino

Adiós, Patita, entrañable lambramino
Escribe, Efraín Gómez Pereira

El persistente timbre del teléfono me despertó a las cuatro de la mañana. Genaro Gómez, del grupo Amigos de Patita, me da la noticia no querida, no deseada, aunque esperada y real. Bautista Tello Teves, el emblemático y entrañable Patita, había partido al viaje sin retorno.

Me sacudí del sueño y recordé que apenas unas horas antes había hablado con Dino Pereyra, otro integrante de Los Amigos, sobre esta probabilidad, dada la grave situación de salud del viejo. No lo quise creer. Humano es sentir y sentir por alguien querido es más humano. Lloré en silencio, por Patita, por el viejo campanero, por el amigo querido por todos.
Patita ya descansa en su pueblo, Lambrama. 

En el trascurso del día, seguimiento a las coordinaciones del ajetreo formal para retirar los restos de Bautico del hospital de Abancay y trasladarlos a Lambrama. Llamadas con amigos comunes, con Amadeo, Zoilo, Juan Carlos, José, Martín, Ubaldina, los amigos de la Promoción 83 del colegio de Lambrama, la reacción masiva en las redes, confirmaban que el dolor de la muerte de Patita sacudió a todos los lambraminos.

Dino y Genaro, junto con Virginia, la hija, suman fuerzas con Matilde, Mercedes, Anatolia, Honorato, Hilda, Margarita, Rosa y otros más, para hacer lo que en estos casos se hace. Gestiones, protocolos, llamados, solidaridad. Así, la respuesta de los lambraminos en Lambrama, Abancay, Cusco y Lima, se hizo evidente de inmediato. Virginia no estaba sola. El municipio provincial de Abancay expresaba su pesar a la familia, a través de una esquela.

Las tradicionales y necesarias “chanchitas” solidarias sumaron soles y apuntaron un escenario de tranquilidad en el lado económico. Los amigos dijeron presente.
En Lambrama el pueblo golpeado por la infausta noticia se movilizó raudamente. La explanada de la iglesia San Blas se preparó para recibir los restos del campanero. El municipio distrital, habilitó un espacio en el cementero para el descanso de Bautico, en reacción oportuna del alcalde Hilario Saldívar. 
En calor de sus paisanos, en su última morada.

El pueblo organizado acordó usar un nicho provisional prestado por Anaclo, mientras el mismo pueblo, al que quiso Bautista, le levanta uno perenne, de varios pisos, que acogerá a otros viejitos de Lambrama, a aquellos que deben ser recordados como lo hacen con Patita.

Las mamachas lambraminas, los paisanos, jóvenes y viejos, respetando todos los protocolos que exige la situación actual, acompañaron a Bautista en su último paseo hacia el panteón del pueblo, con jarrones de té piteado, con comida comunal compartida entre todos quienes, desde lejitos físicamente, pero abrazados de corazón a corazón, asistieron a una jornada memorable, dolorosa pero memorable. Antes de llegar al panteón, Patita visitó su casa de Pampacalle, acompañado de la música de los Piteros renovados.

Cuánto me hubiese gustado estar ahí, contigo Patita. Para sollozar, para llorar en tu adiós, para decirte cuánto te he querido viejo lindo, para decirte cuánto te quieren todos tus paisanos, eterno artista de la pureza humana, de la humildad, de quien nunca dijo no, a nada ni a nadie.
Despedido con el Chinkapun de la iglesia San Blas de Lambrama. 

Te ha despedido tu pueblo, en olor a arrayanes y cumayos, con tinkas de cañazo curado y chicha, con los sones de los Piteros, los Karatakas, que eran tu alma musical. Las campanas de San Blas, tus amigas de toda la vida han llorado como nunca antes, en ritmo de Chinkapun, de las manos de Domingo, tu sucesor.

Fuiste grande en tu humildad. Un tremendo artista a pesar de tu discapacidad. Fuiste un hermano mayor para muchos lambraminos que te recuerdan matraqueando en las calles de Chacapata, Uraycalle, Michihuarkuna, Chimpacalle, Chucchumpi. Fuiste el veterinario castrador de animales menores, el bombero de los Piteros, el talabartero, un multioficio sin igual.

Lambrama, que en los últimos años parece que te había olvidado, relegado en tu pobreza en Abancay, ha sido remecido como por un temblor y llora tu partida, y en tu honor, eleva plegarias y cánticos, ayatakis y sangregorios, como los que cantabas en tu particular estilo. Los wakrapukos están dolidos.
Así te recordamos, con tu inseparable casco y sensible humildad.

Revisando mis archivos fotográficos te veo con tu casco eterno y tus andrajos que lucías con orgullo en el velorio de Laureano, mi padre, hace más de una década. Te veo en el panteón del pueblo, cantando con tu voz entrecortada, sentidos ayatakis por el descanso del señor de Tomacucho.

Descansa Patita, viejo y querido lambramino. Nos dejas como herencia tu don personal de servicio sin exigencias, tu corazón abierto. Muy pronto te trasladarán a tu nicho a donde llevarte salmos, flores y velas. Quisiera verte erguido con tu bombo, en un monumento levantado frente al atrio de San Blas, en la plaza de Lambrama. “Chinkapun, chinkapun… Patita wiñaipak chinkapun…”

martes, 1 de febrero de 2022

De pastoreos y akatanqas en Lambrama

De pastoreos y akatanqas en Lambrama
Escribe, Efraín Gómez Pereira

Un recuerdo de infancia me traslada a la época de vacaciones en la escuela fiscal de Lambrama o en el Miguel Grau de Abancay. Como hijo de un empresario ganadero, los meses de verano estaban destinados al pastoreo de toros y machorras que don Laureano, debía llevar a los camales de Abancay o a los centros de engorde en Cañete y Lima.

Muy temprano, después de un nutritivo desayuno, que en el transcurso de los días combinaba una generosa y variada mesa con salteados de huachalomo a la chorrillana, leche fresca, café pasado, mote, choclos, cancha, papa sancochada, apetitosas lawas de maíz, chuño o chochoca, pedacitos de cachicurpa y panes chuta de la panadería Milla, la jornada se prestaba hacia la aventura.
La akatanqa puede empujar bolas de estiércol de hasta 50 veces su peso, y es un gran aliado de la naturaleza. (Foto de Internet)

Un portaviandas de fierro enlozado de tres pisos, nos acompañaba con un apetitoso kokau, cocaví o refrigerio compuesto de mote, carne o hígado frito y queso al que se le debía dar curso, justo cuando el sol escondía las sombras; es decir, al mediodía. 

A veces se llevaba en una suisuna blanca, limpia y bien amarrada que conservaba caliente la miski mijuna. Cuando los pastoreos se realizaban muy cerca a la población, el almuerzo nos llegaba calientito en manos de las “chicachas”, que ayudaban en los quehaceres de casa.

Los astados de diferentes pesos y colores como allkas, yanas, pukas, misitus, barrojos, murus, o con características como los keles, wekros, lonkos, lombas o wakrasapas, que habían sido adquiridos en diferentes estancias alejadas, en jornadas que duraban semanas, eran custodiados en el potrero de Occopata, en las afueras del centro poblado.

Con Lino, Albino, “Juvecha”, “Cholocha”, “Acchiruntu” y otros mozalbetes de la vecindad, compartíamos la responsabilidad de cuidar los vacunos durante todo el día, mantenerlos unidos y a la vista, impedir que hagan “daño” en las chacras cercanas y luego, al chirriar de los jesjentos, regresarlos y ponerlos a buen recaudo en los corrales, y repetir la rutina hasta que el camión de carga los lleve a su destino final: el matadero.

El recuerdo de los pastoreos, me lleva a los hermosos parajes de Jukuiri y su ladera; Cuncahuacho y sus explanadas; Huecce y sus rodaderos de piedra; Ccahuapata, Ccaraccara y Uncapata, y sus uncas, tastas y pastos frescos en abundancia; Tanccama y su riqueza forestal, lugares donde además del encargo dábamos rienda suelta a los juegos de niños aliados con la naturaleza para, en un mar de imaginación, hacer uso de los recursos que la tierra, el bosque, el campo ofrece a raudales.

Ejemplares de la ganadería Sarmiento Puma, en Atancama. 

Hacíamos de osados pistoleros, guerreros con semillas y huaracas, Tarzán de los monos, cazadores de pajarracos y cuculíes, arquitectos y constructores de carreteras y puentes, coleccionistas de semillas y frutos silvestres como la “machamacha” que alguna vez nos provocó una severa intoxicación, que fue curada con una sal de soda, recetada por el sanitario del pueblo, el recordado Leoncio Yupanqui.

Pero hay un juego que rememoro con cierto escepticismo, del cual no tengo explicación válida o justificable. Juntar escarabajos peloteros o akatanqas, para hacerlos padecer en sacrificio inhumano, que a veces provocaba su muerte lenta. La akatanqa, coleóptero que se alimenta de las heces frescas de vacunos abunda en los predios lambraminos, como en todo el mundo, y se aparece en pequeños enjambres cuando hay manadas de vacunos, que dejan cantidades de excremento por doquier.

Esperábamos a que formen sus bolas o pelotas de heces, y cuando los están empujando a un lugar fresco para enterrarlas, les quitábamos con un palito de chuyllur para ponerlos en lugares de difícil acceso para los insectos. El gozo era en ver cómo las akatanqas, solas o en pareja, trataban de recuperar su alimentos, su hogar, el futuro de sus crías.

El juego se hacía aún más cruel, porque sus patitas y alas eran arrancadas solo para mirarlas cómo se sacudían en la tierra, con desesperación. Las risas eran crueles, los juegos “naturales”.

Teníamos total desconocimiento de los beneficios ambientales que generan. Su importante valor como activador de nutrientes y suelos, reductor de emisiones de dióxido de carbono, controlador de parásitos y dispersor de semillas, eran letra muerta en nuestra ignorancia.

Hoy sabemos que las akatanqas, se encuentran en riesgo de extinción, no precisamente a causa de la crueldad de los juegos infantiles de niños lambraminos, sino porque en el mundo, están desapareciendo las prácticas tradicionales de ganadería, el abandono de entornos rurales y la crece contaminación del estiércol con productos veterinarios.

La Unión para la Conservación de la Naturaleza, señala que 20% de estas especies están en riesgo de extinción. “La transformación de pastizales en terrenos agrícolas, niveles insostenibles de ganadería intensiva, uso indiscriminado de productos veterinarios, son amenazas”, advierte el organismo internacional.

Reclama que es necesario mejorar el uso de productos para el control de parásitos. “La diversidad de escarabajos peloteros depende de la variedad del paisaje y mamíferos, la disponibilidad de excrementos no contaminados de herbívoros. Una mejor gestión de los animales domésticos es clave para conservar la biodiversidad del suelo y garantizar ecosistemas saludables en el futuro”, afirman los expertos.

Entonces, cuando veamos una akatanqa rodando sus bolas, de hasta 50 veces su peso, respetémosla, porque está empujando el futuro de su especie, el alimento de la madre y de sus larvas que crecerán dentro. Su desarrollo formará parte de las especies que, a pesar de su tamaño minúsculo, son benéficos para el medio ambiente, para la naturaleza, algo que los humanos, no sabemos valorar.